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Recordando a Dean Potter, el hombre con alas

Esta semana se cumplieron 6 años desde la partida del legendario escalador, slackliner y saltador BASE (modalidad de paracaidismo), Dean Potter. A sus 43 años, el hombre que sigue inspirando a muchos de los grandes en el mundo de la escalada, perdió la vida durante un intento de salto en el parque Yosemite de California.


“Es gracioso que la gente me llame el ‘hechicero oscuro’. Pienso que mucho de eso surgió de vivir en Yosemite y practicar artes ilegales, como el arte de volar”, dijo Dean Potter a Outside un año antes de su muerte. El estadounidense, quien escaló, saltó y voló a alturas extraordinarias, fue el líder de toda una generación de escaladores —los Stone Monkeys (monos de la roca)— y es hoy un ícono en múltiples disciplinas.

Conocido como el maestro del riesgo, Potter dedicó gran parte de su vida a realizar deportes extremos en las rocas del parque nacional Yosemite en California. Este lugar se transformó en su hogar y allí desafió lo imposible: trepó a velocidades sorprendentes las más altas paredes del área, se lanzó a volar desde los acantilados con su wingsuit (traje de alas) y paracaídas, escaló empinadas paredes sin soporte y se balanceó sobre cuerdas (slackline) a cientos de metros sobre el suelo.  

Su determinación por llevar a cabo la actividad que le apasionaba irritó reiteradamente a las autoridades, pero inspiró a miles alrededor del mundo. Carismático, sencillo y con una fuerte conexión con la naturaleza, Potter vivió el día a día haciendo lo que amaba, siempre junto a su fiel acompañante perruno, Whisper. 



Siempre al límite

Dean Potter comenzó a escalar cuando tenía 16 años. Practicaba junto a otros jóvenes cerca de su casa en New Boston, en los acantilados de Joe English Hill. En aquel entonces, Dean buscaba formas de ir más allá y  ya realizaba la escalada de manera ilegal, pues el lugar se encontraba en una reserva militar.

“En los primeros días en Joe English, mi amigo John y yo trepamos mucho empujándonos por los pies y tirándonos de las manos. Más tarde, algunos chicos mayores, los hermanos Adams, se encontraron con nosotros y nos dijeron: ‘¡Malditos niños, van a morir!’. Nos dijeron que consiguiéramos un arnés y dijeron que no se puede usar una cuerda de lavandería para escalar. Estábamos haciendo cuerdas superiores con cosas que obtuvimos del garaje del padre de John”, contó el escalador a Outside en 2011.

A finales de los 90, tras abandonar sus estudios en la universidad de New Hampshire y convertirse en una especie de vagabundo, Potter llegó al Valle Yosemite. Vivía en los alrededores o dentro del lugar, huyendo constantemente de las autoridades del parque. Esta persecución no solo se debía a que era ilegal vivir allí, sino porque el salto BASE está prohibido en el parque nacional.

“No es como que nos guste el juego de los policías y los ladrones, solo estamos intentando hacer nuestro arte. Mientras que en Francia, Suiza, Alemania y Austria, esas personas son celebradas, en Yosemite nos persiguen como a criminales”, se lamentó Dean un año antes de su muerte.

Potter rápidamente ganó popularidad dentro de la comunidad de la escalada en el parque nacional. En principio por sus intrépidas escaladas en solo, las ascensiones de velocidad y, posteriormente, por llevar el salto BASE un paso más allá al inventar una nueva modalidad.

“Llevaba haciendo eso (escalada sin cuerda y free soloing) unos veinte años y comencé a darme cuenta de que estaba llegando al límite”, contó Dean a Reel Rock en 2008. “Entonces, después de aprender a saltar BASE finalmente, se me ocurrió el concepto de FreeBASE. Así es como le llamo a escalar libre solo, sin ataduras, con un paracaídas para protección. Agregar el paracaídas a la ecuación me permite empujarlo más allá, haciendo rutas en solitario cada vez más difíciles que nunca haría sin el paracaídas puesto”, explicó respecto a la invención de la nueva disciplina.



Miedo, riesgos y seguridad

“Mucha gente piensa que no siento miedo, pero lo siento. El miedo vale la pena porque me empuja a estos estados superiores de conciencia donde percibo más. Me despierta más y puedo mantener la calma. Este cambio a estados mentales a los que normalmente no puedo acceder me permite hacer cosas aterradoras”, dijo a Outside en 2014. 

Dean Potter pensaba que los medios lo retrataban como alguien sin temor, un badass (rebelde) con un deseo suicida. Pero, al contrario, el escalador amaba la vida y tomaba todas las precauciones para poder seguir realizando las actividades en roca que tanto le apasionaban. 

“Siempre he sido abierto con mi filosofía de seguridad, pero luego la televisión y las revistas toman eso y lo hacen ver badass”, afirmó Potter. “Pero hay maneras metódicas para mantenerse seguro. No es coincidencia que muchas personas jamás se hacen daño en estos deportes y tienen una vida entera de disfrutar las montañas. Pero a menudo lo que se enfoca son los mayores logros y no se muestran los años de esfuerzo para llegar a eso, solo dicen ‘oh wow, este súper-hombre hizo esto, que increíble’ y no dicen que pasó 6 años intentándolo”, agregó el deportista.



Dean aseguró en reiteradas ocasiones que siempre fue consciente de sus capacidades. Entrenaba y practicaba con paciencia para mejorar. Aunque buscaba constantemente extender sus límites, no los forzaba. Si no se sentía preparado para realizar una escalada o un salto, no lo hacía, pues estaba seguro que si estaba nervioso era más probable cometer errores.

Así pues, la lamentable muerte de Dean Potter en 2015 no fue producto de un impulso temerario e irreflexivo. El free soloist calculaba cada salto metódicamente y tomaba la mayor cantidad de precauciones necesarias para evitar un desenlace fatal. Desafortunadamente, en estos deportes el margen de error es sumamente estrecho, por lo que los accidentes, a pesar de tener todo el cuidado posible, ocurren de todas formas.

Potter falleció hace 6 años haciendo lo que amaba junto a su compañero de salto Graham Hunter en un intento de salto BASE nocturno desde el Taft Point, a más de 2 mil metros de altura. El vuelo que querían realizar era especialmente difícil y se sospecha que sus paracaídas no se abrieron a tiempo. El legado del extraordinario deportista sigue inspirando a muchos a desafiar  los límites.

“Mi más grande consejo para otros aventureros y personas haciendo todos estas actividades en las montañas, en los océanos, en los lugares que involucran riesgos, es que se tomen su tiempo y que realmente piensen lo que están haciendo, porque es obvio que pueden pasar cosas malas”, aseveró el legendario escalador un año antes del accidente.

“La vida es larga. Yo no empecé a volar en wingsuit hasta los 30 años y hoy tengo 42. Uno de los mejores voladores no comenzó hasta los 50. Ahora hay chicos de 18 o 20 diciendo que solo quieren hacer salto BASE, no quieren primero hacer paracaidismo porque toma mucho tiempo o es muy costoso”, continuó Potter.

Y concluyó con seguridad y una sonrisa: “Nada es muy costoso, excepto tu vida. Compra el mejor equipo, no dejes que el precio te haga estar menos seguro. Si hay alguna cosa que pueda darte más seguridad, cómprala, trabaja más duro, haz lo que puedes, permuta, negocia, pero consíguela. Cualquier cosa que incremente tus posibilidades de vivir, haz que ocurra”.


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