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Nativos: creando la primera red de Parques Escuela

Volver a caminar con los pies, volver a cocinar con las manos y volver a expresar con el corazón. Estos son los tres pilares fundamentales de Nativos, la fundación creadora de la primera red de Parques Escuela de Chile. Sus fundadores, Cristián Fernández (28) y Rodrigo Matus (35), buscan democratizar el acceso a los espacios naturales y poner en valor el poder educativo de un estilo de vida más sencillo y conectado con el entorno.

Por María José Hepp. Fotos Gentileza Nativos.


Desde el minuto en que el grupo de jóvenes secundarios ponen pie en el Parque Escuela Kaikén —un lugar prácticamente inalterado por el ser humano en plena Patagonia—, comienzan a vivir una experiencia única. Durante alrededor de cinco días, los chicos de entre 15 y 16 años se enfrentan cara a cara con el estilo de vida tradicional del lugar, teniendo que cocinar, faenar y explorar como lo ha hecho por años la comunidad gaucha.

Muchos de ellos llegan a este lugar prístino y escondido —a 180 kilómetros de Coyhaique— sin haber tenido jamás contacto con la naturaleza, por lo que tener que cortar leña, prender fuego y amasar pan en la mitad de un bosque es poner patas arriba su rutina de ciudad. 

Así suelen empezar las experiencias que ofrece la fundación Nativos para los jóvenes de colegios Astoreca. Es un cambio radical de hábitos que busca utilizar la naturaleza intocada del sur para regenerar la relación entre las personas y su entorno. Al pasar los días, con algo de esfuerzo y paciencia, el grupo se deja guiar por la naturaleza que los rodea y la memoria colectiva que, según el fundador de Nativos, Cristián Fernández, todos poseemos.

Cristián Fernández y Rodrigo Matus, amantes de la naturaleza, crearon Nativos con el fin de suplir la lamentable falta de naturaleza que nos afecta a la mayoría de los habitantes de las grandes ciudades. Detrás de la idea inicial hay una férrea creencia en la capacidad educativa que tiene la naturaleza y la determinación de que el acceso a ésta debe democratizarse.

La fundación que empezó realizando experiencias para alumnos becados, hoy también ofrece experiencias abiertas a todo público y cuenta con programas para equipos de empresa y grupos privados. A pesar de tener enfoques distintos, todas ellas comparten las mismas bases, sus tres pilares fundamentales: volver a caminar con los pies, volver a cocinar con las manos y volver a expresar con el corazón.


Nativos pretende construir vínculos sinceros entre las personas y el territorio.

La semilla

Cristián Fernández se comunicó con Rodrgio Matus, creador del sitio WKND Heroes, para contarle sobre un plan que estaba comenzando a tomar forma en su cabeza. “Me contactó con esta idea que era también una necesidad de transmitir ‘la naturaleza me ha ayudado a llevar un estilo de vida más aterrizado y a estar más feliz’”, cuenta Rodrigo.

Conectaron de inmediato. Cristián creció y se educó en conexión con los espacios naturales, mientras que Rodrigo comenzó a acercarse a la montaña y a la fotografía desde los 16 años. Se plantearon la interrogante de cómo sería la vida sin naturaleza, la vida de quienes no conocen un bosque. De allí surgió su motor: darle la posibilidad a aquellos que más lo necesitan de vivir una experiencia en la naturaleza profunda, intocada.

Hace aproximadamente seis años, financiaron la primera experiencia con algo de su propio dinero y llevaron a cuatro jóvenes de una población de Quilicura a la Patagonia. “Yo creo que esta primera experiencia para mí y Rodrigo fue detonante”, cuenta Fernández, “ahí los dos decidimos dedicarnos a esto”.

Los socios se metieron de lleno en el proyecto y empezaron a crecer, generar alianzas y ganar fondos. Han trabajado con colegios de la fundación Astoreca en distintos puntos de Santiago y hacen un seguimiento del impacto que las experiencias tienen en los jóvenes.

Desde el inicio, ambos han visto cómo a las personas que van al Parque Escuela —concepto le asignaron a los lugares donde generan las experiencias— viven un momento de cambio notorio y casi tangible. 

“Habitualmente, un joven cuando viene y no ha visto nunca la naturaleza, llora al día dos y es impresionante igual”, afirma Cristián. “Nosotros vemos que se les mueve algo profundo, como una memoria colectiva que tenemos de haber vivido tantos años en la naturaleza”, agrega.

Cristián y Rodrigo destacan como desaparecen las diferencias en los grupos mixtos, en los que hay tanto personas que se pueden pagar la experiencia como jóvenes becados. “Empezamos a ser testigos de cambios en ellos, de que en estos lugares no existen las barreras sociales”, dice Matus. “Somos todos iguales frente a la naturaleza”, puntualiza.



Usar el cuerpo

Las actividades en el Parque Escuela Kaikén, a diferencia de muchas otras en el sur del país, no se tratan solo de pasear o hacer deporte al aire libre. El fin con el que se crean estas experiencias, y que aún llevan como sello, es el de enseñar algo. En esencia, Nativos busca que aprendamos a volver a usar nuestro cuerpo y a expresarnos sin que la cabeza intervenga demasiado.

“Desde el día uno tienen que cocinar, cortar madera, picar. Nos dividimos en grupos muy fluidamente. Unos van por la leña, otros prenden fuego y otros tienen que empezar a amasar el pan para el día siguiente”, relata Crisitán.

Las tareas se repiten a la mañana siguiente en la preparación del desayuno. Son tres o cuatro horas de este ritual que implica volver a hacer todo desde el inicio, ensuciarse las manos y trabajar en equipo. Ya alimentados por su propio esfuerzo, comienza la exploración.

Los recorridos del día duran entre 5 y 6 horas, y en cada una se tocan diferentes temáticas, pero antes se empieza con la caminata del silencio. Árboles, lagunas de aguas cristalinas, distintas aves y el viento envuelven al grupo que camina sin emitir una sola palabra durante un largo rato.

Así, los jóvenes se sumergen en el bosque sin ninguna otra tarea más que observar, escuchar, respirar y seguir caminando. Sea lo que hayan estado viviendo en Santiago, no les queda más que dejarlo atrás y dejarse sorprender por la Patagonia profunda.

Luego las caminatas se diversifican y, según los fundadores, se habla de todo un poco. Hay poesía, literatura y hasta filosofía. Los guías intentan transmitir conocimiento gaucho, cosmovisiones tanto mapuches como chinas, entre otras múltiples temáticas para abrirles un poco la mente a los jóvenes y darles distintas perspectivas en cuanto a la comprensión de la naturaleza.



El mentor

La forma de sentir el entorno que Nativos intenta enseñar y transmitir no es más que el estilo de vida, sencillo y natural, que la comunidad local ha perpetuado durante generaciones. 

“Todo partió en un puesto gaucho en la mitad de la nada donde conocimos a don Luis, que hoy es nuestro mentor”, cuenta Rodrigo. Don Luis nació, creció y trabajó ahí. Según cuenta Matus, antes de su llegada junto a Cristián, el gaucho llevaba una vida solitaria acompañado por sus animales.

Siendo una persona de pocas palabras, el hombre les mostró su estilo de vida a Rodrigo y Cristián, quienes aprendieron todo lo que podían y decidieron involucrar a la comunidad en las experiencias. Nativos le otorga mucho valor a poder escuchar las historias de la gente que vive en el sector, entender cómo viven y cómo es su relación con el lugar.

Matus cuenta que, de la misma forma que a los Santiaguinos que van a la Patagonia tienen una necesidad de naturaleza, a don Luis lo que le falta es relacionarse con más personas. 

“Somos seres sociales y, hablando con él, a don Luis le hace muy feliz poder compartir con gente que viene de otros lugares, poder enseñarles esto, transmitirles sus conocimientos y, de alguna forma, alargar la vida de su forma de vivir”, dice Rodrigo.

Uno de los propósitos de Nativos es poder fomentar y proteger el estilo de vida que tiene la comunidad local. A través de los Parques Escuela esperan poder generar empleo con la construcción de senderos y la prestación de servicios, e involucrar a las personas desde sus diferentes oficios. 

“Don Luis dice que sus sueño es que sus nietos también sigan este legado, entonces con Kaikén podemos dar de alguna forma una proyección económica para que el hijo o nieto eventualmente no tenga que irse. Y también podemos darle nueva vida a este lugar y ver cómo puede perdurar este estilo de vida”, explica Matus.

El último día de la experiencia, tras haber vuelto a caminar con los pies y a cocinar con las manos durante varias jornadas, llega la hora de involucrar con más fuerza el tercer pilar: volver a expresar con el corazón. 

Expresar va mucho más allá de hablar, por lo que al momento de sacar afuera todo lo que sintieron durante la experiencia, se hace un trabajo que involucra pintura, acuarela, escritos, teatro y otras varias formas de canalizar la interioridad.

“Creo que de alguna forma necesitan manifestar qué les sucede a través de estas formas de expresión, porque es como el lenguaje del alma”, explica Rodrigo. “Si les pasan cosas mientras exploran un bosque, faenan, hacen el pan y conocen gente, de alguna forma queremos facilitar un momento donde ellos puedan escribir una bitácora o poema, tallar, pintar o hasta tocar música. Que no solamente sea decir qué les pasó, sino realmente expresarlo”, agrega.

En una última ceremonia alrededor del fuego, los jóvenes becados pasan a ser oficialmente “guardianes nativos”. Cristián explica que la idea es que también tomen la bandera de lucha por la naturaleza. Y se lo toman muy en serio. “Tenemos unos que suben fotos y dicen ‘ahora soy guardián nativo’, o que cambian su nombre en Instagram a algo relacionado con los bosques”, dice contento Fernández.

Actualmente, uno de los principales propósitos de los fundadores de Nativos es que estos jóvenes, a los que la experiencia les cambió su forma de entender el mundo y que ansían volver, tengan la oportunidad de vivir nuevamente la conexión con la naturaleza.

Don Luis compartiendo con los jóvenes.
Primer Refugio Escuela en Patagonia.

Ser nativos

A pesar de que la pandemia puso en pausa las experiencias de la fundación, han aprovechado este año para crecer estructuralmente y asesorarse para poder lograr aquello que más desean: democratizar el acceso a la naturaleza. Aún queda por aprender, pero Cristián y Rodrigo esperan poder tener un modelo que permita financiar becas para que todos, aún sin recursos, puedan conocer los lugares intocados en la Patagonia.

Hoy, Nativos ofrece cuatro tipos de experiencias. A las abiertas cualquiera puede postular y tienen diferentes temáticas, un sello propio, que incluye la presencia de un “autor” nativo. “Por ejemplo, una va a ser de ilustración de naturaleza, y tiene a Antonia Reyes como autora invitada”, cuenta Matus. “Durante ese viaje vamos a trabajar en ilustrar un diario naturalista, estilo Humboldt, y ella va a ir guiando en la técnica”, detalla.

Así también habrán otras experiencias que tengan temáticas de cocina, trailrunning y música. Tiene fechas definidas —flexibles a los cambios de las medidas sanitarias— y se puede acceder a la información de los programas a medida que salgan en el sitio web de Nativos.

También están las experiencias para equipos de trabajo, apuntando a empresas que quieran fortalecer grupos y su conexión con el medioambiente, y experiencias privadas para grupos grandes. Estas últimas son modificables y pueden adaptarse según los intereses y necesidades. Claro, siempre manteniendo el volver a trabajar con el cuerpo.

Así, está fundación —muy próxima a inaugurar su primer refugio escuela para potenciar aún más sus experiencias—, está abierta a todos aquellos interesados en volver a ser nativos, algo que para Rodrigo es mucho más que ser originario de un territorio: “Todos podemos ser nativos. Volver a ser nativos es volver a sentirte parte un lugar, es volver a tener la sensibilidad con tu entorno. Creo que hoy hay un desapego con el lugar. Volver a ser nativo es sentir que perteneces a algo, y ese algo es la naturaleza”.




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