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Geología Urbana: relatos que solo el suelo puede contar

“Debajo del pavimento hay mucha historia que recuperar”. Esta es la idea que une a Juanluis Aravena y Eduardo Estay, dos jóvenes comprometidos con la educación geológica y patrimonial.

Por María José Hepp. Fotos gentileza Geología Urbana.


En ocasiones es fácil olvidar que la naturaleza es mucho más que flora y fauna. Nos asombra la idea de todo aquello que los árboles centenarios podrían contarnos, o las maravillas que las aves migratorias deben haber visto. Pero caminamos sin fijarnos en aquellos elementos que nos podrían contar las historias más antiguas de todas.

Las rocas, el suelo, las quebradas y la misma forma del paisaje esconden historias que pueden remontarse a mucho antes de los orígenes de la civilización. Enormes erupciones volcánicas, el imperceptible pero imparable movimiento de los glaciares y desplazamientos de tierra colosales. La geología puede descifrar mucho sobre los elementos que nos rodean y la relación que la humanidad ha tenido con ellos a lo largo de miles de años.

Según Juanluis Aravena y Eduardo Estay, los dos geólogos detrás de Geología Urbana, lo que ellos hacen corresponde a un área que se denomina geopatrimonio, un concepto reciente enfocado en cambiar la idea de que esta ciencia natural es solo para quienes estudian la materia.

“Se decide que se tiene que hacer esta bajada de información a la ciudadanía para explicar ciertas cosas que nos afectan como sociedad: las erupciones volcánicas, remociones de masa, lo que pasa en el Cajón del Maipo todos los años con el alud”, dice Eduardo. “Por la expansión urbana, se hace necesario que la geología se eleve y que la información sea más asequible”, añade.

Los geólogos explican que, más allá del interés y la curiosidad por aquello que los elementos ocultan, saber sobre el patrimonio natural también es un tema de seguridad. Mientras más conozcamos, más preparados podemos estar, y, después de todo, uno realmente cuida lo que conoce.



Enseñar

El objetivo de Juanluis y Eduardo, conscientes de que la geología puede resultar un tanto técnica, es enseñar a la gente del tema de la forma más clara posible. Sus redes sociales están llenas de datos interesantes y preguntas abiertas que invitan a dejarse llevar por la curiosidad. 

¿Es acaso el Manquehue un volcán extinto? ¿Qué tan profundo es Santiago? ¿En qué nos afecta que la falla de San Ramón sea activa? Los geólogos están listos y dispuestos para dar las mejores respuestas que la ciencia puede ofrecer. Lo único que falta, y lo que ambos esperan fomentar, es una ciudadanía interesada por el patrimonio natural que le rodea.


“Básicamente el alma de esto, el corazón, es hacer que la gente que no estudió geología, y quizás no le interese mucho el tema, se empiece a interesar a través de estas investigaciones que hacemos del territorio, las que transcribimos de tal forma que sea algo novedoso, vinculado con otros aspectos del patrimonio”.

dice Juanluis.

Dado que a fin de cuentas todo es parte de un sistema interconectado, los dos geólogos buscan rescatar las historias de las rocas sin dejar de lado la flora y fauna. El objetivo es enlazar la biodiversidad y la geodiversidad. “Vamos mezclando conceptos para que sea más dinámico, porque hablar todo el rato de rocas igual debe ser medio fome para las personas”, explica riendo Eduardo. “Hay que buscar estrategias para que esto sea atractivo”.



Desenterrando historias

Dedicaron gran parte del 2020 a la investigación y levantamiento de información. De a poco han ido armando los relatos geológicos que quieren contar en las rutas que pronto empezarán a realizar. Su herramienta principal es esa, el geoturismo: llevar a personas a lugares geológicamente atractivos, mostrar lo que sucede, contar los eventos pasados y animar a que se planteen preguntas.

Saben que educar es clave, por lo que es fundamental lograr buenos relatos. Las historias y los datos interesantes no les han faltado, pero lo que quieren es que la gente lo vea con sus propios ojos.

¿Quién diría que hasta 1840 en el cerro Apoquindo hubo unos baños termales a los que la gente llegaba en carreta desde Plaza de Armas? Durante 100 años los habitantes utilizaron esas aguas con distintos fines, cuenta Juanluis, al menos hasta el terremoto del 2010, en el que la roca se fracturó y el agua dejó de emanar.

¿Cuántos habrán paseado por el cerro Santa Lucía sin siquiera mirar las formaciones de roca de origen volcánico? Las andesitas balsáticas, las piedras con forma de columna, fueron en su tiempo masas gigantes magma que atravesaron rocas aún más antiguas, y que quedaron con esta peculiar forma por la manera en que se enfriaron. Son poco comunes y hacen parte de la última evidencia magmática de la zona de la cuenca.

Actualmente, este cerro es un geositio, pero los geólogos cuentan que dicha denominación no implica un cuidado real: “Lamentablemente, legalmente el geopatrimonio o patrimonio geológico no está protegido en sí, a menos que esté dentro de una categoría de bienes nacionales, como monumento natural o zona típica”, explica Juanluis. “En la ley no está tipificado el tema de los geositios, pero tenemos la esperanza de que a corto plazo lo esté”.



Difusión y acción

Aún en etapa de divulgación, los dos geólogos apuntan alto y no se ponen límites en cuanto a las luchas que quieren apoyar. Quieren una ley para conservar los geositios, pero también apoyan organizaciones que protegen los glaciares, el agua, los humedales, entre otros elementos y espacios naturales. Todo se conecta de alguna manera a la geología, dicen.

Pero saben que hay que empezar de a poco. Lo primero es informar, invitar a aprender e involucrar a la comunidad a través de canales como la redes sociales. Ambos jóvenes creen que con el conocimiento correcto la gente podrá hacer algo para proteger “lo que queda por proteger”.

“Lo primero también es empoderarlos para que sepan realizar correctamente una acción, por ejemplo, una denuncia”, dice Juanluis. En la página web que están prontos a lanzar habrá una sección que explicará los distintos canales de denuncia para cada situación. Ejemplifica que las playas privadas se denuncian en Bienes Nacionales, mientras que de los vehículos motorizados en áreas costeras se encarga la Armada. 

Juanluis y Eduardo están ansiosos por iniciar sus actividades y empezar sus rutas. Están dispuestos a utilizar todas las herramientas posibles -salidas, trípticos, fichas, folletos, cápsulas de vídeo, material digital- para llegar a la gente. Esperan poder atraer a personas interesadas en trabajar colectivamente, desde todo tipo de áreas y disciplinas.

“Hay que conectarse con el territorio para tener una vinculación con este y con la naturaleza, y para tener una especie de pertenencia, que uno se sienta parte de algo”, dice Eduardo. Juanluis, muy de acuerdo, agrega: “Hay que conectarse para proteger, hay que conectarse con las historias, con el patrimonio oculto”. El llamado es a apreciar el mundo que nos rodea, incluyendo los elementos no vivos que, silenciosos y ocultos,  muchas veces pasan desapercibidos en nuestro día a día. 


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