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26 Islas: El desafío continúa

La creatividad y constancia han sido claves en el proceso de Cristián Deppe (abogado) y Giuseppe Sciaraffia (arquitecto), los amantes del trail running que siguen entrenando para su tan ansiado proyecto: correr los 26 cerros isla de Santiago sin soporte en 24 horas.

Por María José Hepp. Fotos Gentileza Giuseppe Sciaraffia. Foto portada Andrés Figueroa.


Subir las escaleras del edificio, bajar en ascensor, volver a subir y seguir durante 14 horas. Correr en el estacionamiento, saltar la cuerda en el living y salir al cerro cada vez que se pueda. Estos son solo algunos entrenamientos con los que los dos ultra maratonistas se han estado preparando para el Día de los Cerros, fecha en la que se proponen correr los 175 kilómetros de su proyecto 26 Islas.

Aunque la fecha oficial del evento impulsado por la fundación Cerros Isla sigue siendo incierta, Cristián Deppe y Giuseppe Sciaraffia no han dejado caer su motivación ni su preparación física. Con la ayuda de VertRun, una plataforma enfocada en el trail running creada por Moisés Jiménez y Max Keith, los atletas han logrado adaptarse a las condiciones que implica estar en medio de una pandemia global.

Este ambicioso proyecto es, en esencia, una invitación. “La idea es invitar a la gente a que ese día vaya a los cerros, que los conozca, que se apropien de sus cerros”, explica Cristián. El abogado dice sentir que hoy los cerros son espacios que se usan poco y son vistos como obstáculos, por lo que su proyecto busca mostrar el enorme valor que tienen: “Queremos, desde lo que nosotros hacemos, aportar nuestro granito de arena y con esta manifestación invitar a la gente a sumarse”.

El punto de partida

Cristián y Giuseppe se conocieron en uno de los eventos deportivos organizados por VertRun. Se dieron cuenta que tenían planes de carreras parecidos y comenzaron a entrenar juntos. “Tenemos el mismo sentido del humor también, que para correr es importante”, comenta Sciaraffia, “el ritmo de una distancia más larga te permite conversar, y en ese sentido nos complementamos súper bien los dos”.

La idea de 26 Islas surgió en una de las salidas preparando la carrera Torrencial Valdivia 2019. Salieron a las 5 de una madrugada lluviosa. Cuando se despejó, les tocó un amanecer memorable con una vista clara y nítida de los cerros de Santiago.

Cristián ya llevaba algún tiempo dándole vueltas a la idea de conectar los cerros isla del sector oriente. Estaba enterado de la situación judicial en la que estaba el  Cerro del Medio, en el que se iba a construir un condominio. El abogado pensaba que era lamentable la desprotección de los cerros y decidió que quería hacer algún tipo de manifestación.

En el cerro, con la vista de Santiago frente a él, le contó su idea a Giuseppe, a lo que éste respondió: “¿Por qué hacer solo los del sector Oriente? ¿Por qué no los hacemos todos?”. 

El arquitecto conocía el trabajo de la fundación Cerros Isla, pues estudió en la misma facultad en la que surgió. “Después de que fuimos a correr, yo llegué a mi casa, me metí a Google Maps, me metí a la página de la fundación a buscar los 26 y tracé una línea muy crudamente”, relata Sciaraffia. El cálculo de ese día dio 230 kilómetros, los cuáles se redujeron a 175 después de afinar la ruta.



¡A entrenar!

Tras pensarlo un poco más y ordenar la idea, comenzó el entrenamiento. Ambos atletas entrenan con Max Keith, cofundador de VertRun. “Cuando partió el proyecto, ninguno de los dos había corrido largas distancias, creo que 80 o 100 kilómetros”, dice el entrenador y aclara que, aunque correr esa cantidad ya es bastante, pasar a 170 es otro desafío: “Esos kilómetros pueden hacer que una muy buena experiencia se transforme verdaderamente en un infierno si no estás preparado”.

Cristián y Giuseppe ya llevan un par de años entrenando con VertRun, una plataforma diseñada específicamente para este tipo de aventuras. Los atletas pueden organizar su entrenamiento, estar en contacto directo y constante con su entrenador, e ir entregando feedback para ir modificando los planes semana a semana. 

Moisés Jímenez, cofundador de VertRun, cuenta que se facilita el proceso de entrenamiento al ser una plataforma online: “Te permite poder hacerle seguimiento a un atleta y ver cómo va su entrenamiento sin la necesidad de estar ahí o salir a correr con el atleta”. Aún así, se tuvieron que adaptar para que deportistas de 47 países pudieran mantener su estado físico durante la cuarentena, pues el temor de muchos era perder lo trabajado.

Max Keith cuenta que la preparación para el proyecto se ha complicado por las fases del plan Paso a Paso,  ya que la ruta pasa por muchas comunas, de las cuales casi siempre hay algunas en cuarentena. “Creo que la piedra de tope es principalmente el toque de queda, porque finalmente va a durar 24 horas o un poco más, necesitan legalidad para correr de noche”, agrega.

Según el entrenador, un elemento esencial para este proyecto es la relación entre Cristián y Giuseppe. “Hay que ir ajustando la sinergia que ellos dos generan como dupla para finalmente completar el desafío”, dice Max, “la idea es que mínimo entrenaran juntos una o dos veces a la semana para que ellos fueran entendiendo sus ritmos y en qué era mejor uno, en qué era mejor el otro y cómo ir complementando en vez de compitiendo”. Lo más importante para Keith es disfrutarlo y evitar lesiones o, peor, que terminen enojados.



Aumentar la dificultad

Cristián y Giuseppe, al idear este proyecto, decidieron llevar el desafío más allá de la ya exigente distancia y hacer la ruta sin soporte. Esto significa que no habrá cambio de zapatillas ni paradas pre organizadas. Los corredores creen que es más interesante hacerlo con lo menos posible, especialmente considerando que en la ciudad es más fácil abastecerse.

“En verdad puedes parar en cualquier parte, tocar un timbre y llenar la botella de agua con la manguera de la señora que está regando el pasto”, dice Sciaraffia. Él abrazó la idea desde un inicio, mientras que Cristián admite que le costó un poco más asimilarlo, pues dice estar acostumbrado a que en las carreras haya paradas para asistirse. Hoy celebra la propuesta.

“Creo que fue una notable decisión hacerlo sin el soporte, porque al final te empuja a explorar mucho más, te obliga a conocer muy bien la ruta, a conocer los lugares por donde quieres pasar, a conocer el local que está ahí mismo, la feria que se va a poner ese día”, explica Deppe, “te hace más partícipe del proyecto en sí”.

Según los deportistas, este aspecto del proyecto —contar solo con el apoyo que entrega la calle— los conecta más al desafío y la ciudad. Después de todo, esta iniciativa busca involucrar a la comunidad, para lo cual interactuar con la gente y hacerla parte de su desafío es fundamental.

Cabezas despejadas

Más allá del trabajo físico, tiempo y sudor que hay detrás de este desafiante proyecto, cabe destacar que el esfuerzo mental también ha sido enorme. La pandemia, el encierro, las responsabilidades, la vida familiar y la incertidumbre se suman al estrés de preparar una carrera de alta exigencia y que requiere tiempo.

Cristián y Giuseppe explican que están, en cierto modo, a la deriva,  porque dependen de la fecha del Día de los Cerros. Están muy decididos a llevar a cabo el proyecto durante esa jornada especial, pero eso no significa que la espera deje de ser dura. 

“Ya vamos a cumplir un año entrenando para esto sin que lo podamos correr. Entonces no ha sido menor. Hemos pasado por periodos de cansancio brígido, emocional y físico”, cuenta Giuseppe. Además, es fundamental tener la fecha clara para poder definir el entrenamiento.

“Quizás hay que separar lo mental de lo físico y, en ese sentido, en lo mental ha sido difícil mantener la motivación y el objetivo, cuando te van corriendo la meta”, dice Max Keith, “y cuando se empieza a acercar la fecha te das cuenta que no lo vas a poder hacer, hay que resetear un poco y reestructurar el entrenamiento”.

Si la fecha se aplaza hasta después del invierno, el entrenador de Cristián y Giuseppe piensa que lo mejor sería cerrar este ciclo y tomar un descanso, darse un break mental. Aunque no implique dejar de entrenar, la idea de Keith es que los corredores se despejen un poco realizando otras actividades que disfruten, que se den tres semanas de desconexión para volver “frescos de piernas, frescos de cabeza y con las ganas de volver a subirse al bote del entrenamiento”.


Cordón Manquehue.

Conocer el terreno

Tanto para los corredores como los entrenadores, un elemento que es igual —o más— importante que el entrenamiento, es el scouting, el reconocimiento de la ruta. Esto especialmente considerando que el desafío será sin ningún soporte y que las calles de la capital pueden estar llenas de imprevistos.

“Nosotros hemos hecho reconocimientos a pie, en auto. Cuando lo hacemos en auto vamos anotando, tenemos un excel con todos los lugares, las distancias y los lugares donde podemos parar”, explica Cristián. Su entrenador agrega que es esencial poder mapear los locales y sus horarios, desde el quiosco hasta la señora que se pone en la esquina a vender pan amasado a las 7 de la mañana.

También deben tener claras las entradas y salidas, al igual que los senderos. Según cuentan Cristián y Giuseppe, en casi todos los cerros a los que iban se encontraban con una reja. “Las dificultades que nos hemos encontrado son precisamente los accesos, las rutas”, cuenta Deppe y agrega que también se hace difícil el hecho de que algunos cerros sean privados.

Sciaraffia destaca la gran ayuda que fue el libro de la fundación Cerros Isla, el cual contiene información detallada de cada cerro: flora, fauna, historia y localización de accesos. Pero el libro fue realizado hace varios años. Existían nuevos cercos y construcciones, y algunas salidas ya no estaban, por lo que los corredores tuvieron que encontrarlas por su cuenta.

El scouting también conlleva probar cosas nuevas para estar preparado como, por ejemplo, salir a correr y comerse un pan amasado para saber si el estómago responde bien. “Muchas veces en esto lo que más te estresa es probar algo nuevo sin saber qué te va a pasar, entonces cuando ya lo probaste te quedas más tranquilo”, explica Max. 

Además de levantar información fundamental para el proyecto y anticipar complicaciones, el reconocimiento va más allá de su funcionalidad técnica. “También es parte de la aventura”, asegura Moisés Jímenez, “es lo rico de esto, porque estás diseñando la ruta, navegando y estás soñando con las posibilidades”. El fundador de VertRun afirma que lo mejor es el proceso de pensar la ruta, conocerla, ver los distintos cerros y aprender la historia de cada uno. 

Moisés añade que, en realidad, el resultado final da igual: “El día de la ejecución es la guinda de la torta. Si ese día salen bien, bacán. Si las cosas salen mal y no se termina, da un poco lo mismo porque lo corrido y lo bailado no se lo va a quitar nadie a los cabros.”



Todos pueden

Tras largos periodos de confinamiento, ha sido evidente que los santiaguinos han comenzado a usar más los espacios naturales, especialmente los cerros. Los cuatro deportistas —Cristián, Giuseppe, Max y Moisés— tienen consejos  para todo quien desee subir el cerro. Lo principal es que no hay necesidad de haber corrido antes o de tener ningún equipo especial, un par de zapatillas y una botella de agua es todo lo que se requiere.

Moisés Jímenez hace hincapié en aproximarse al cerro con humildad, ver hasta dónde se llega, y cuenta que las primeras veces que intentó subir el cerro El Carbón no llegó a la cumbre. “Hay que entender que el cerro es un lugar nuevo y que cada uno va a conocerse y a conocer el lugar, así que hay que ir poco a poco”, dice, “y llevar siempre teléfono y agua”.

El consejo de Max Keith va en la misma dirección y  sugiere partir con el cerro isla más cercano que se tenga, aunque sea subir a hacer un picnic. Recalca que no es necesario comprar nada para ir al cerro ni estar en el mejor estado físico: “Más que nada es la voluntad de querer hacerlo y ponerte objetivos abordables”. Añade que la constancia es clave para ir mejorando.

Cristián y Giuseppe recomiendan, sobre todo, planificar la ida al cerro antes de empezar, averiguar sobre el lugar para evitar cualquier tipo de riesgo. Además, la planificación evita el rayado de piedras, las señaléticas personales y las intervenciones innecesarias al entorno natural. El libro de la fundación Cerros Isla es ideal para esto, con descripciones detalladas de cada cerro.

La gran regla de oro, en palabras de Cristián Deppe, es: “Deja el lugar tal cual como lo conociste para que otro lo pueda ver tal cual como tu lo viste”. Dicen que es lo básico y que aunque suene obvio, han evidenciado que no lo es. Por eso también es importante que la gente vaya al cerro: “Para mí la única forma que la gente se vaya educando es conociendo lo que tiene. Si tú conoces y ves el valor que tiene ese espacio, lo vas a cuidar”.

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