fbpx

Alimentación funcional: el mejor combustible para nuestro cuerpo

Imaginemos que viajando en ruta se nos enciende la luz de presión de aceite ¿Qué hacemos? El sentido común aconsejaría detenernos de inmediato e investigar la causa: falta de lubricante, problema de la bomba de aceite, etc. En cambio, ¿qué hacemos cuando algo similar sucede en nuestro organismo? Por lo general, buscamos una “pastillita mágica” que apague el indicador de alarma: algo que baje la presión, el colesterol, la glucosa, etc. Si obramos así en el automóvil, ¿qué sucederá? Inicialmente seguiremos como si nada. Pero unos kilómetros después sobrevendrá el desastre: el motor claudicará. La misma lógica sigue el funcionamiento corporal.  

(Técnicas caseras para la depuración corporal. Recupere el equilibrio y obtenga una mejor calidad de vida, de Nestor Palmetti)

Por Claudia Benavídez. Foto Louise Burton.

“Cuidamos más al auto que al cuerpo. Sabemos cuánto gasta el auto, cuantos km da por litro, pero no sabemos nada de este equipo que es muy sofisticado, que hace que mientras yo esté hablando, el riñón esté filtrando, el corazón bombeando y que todo se esté siempre depurando sin que hagamos nada. Es una maravilla. Y se nos olvida”, parte diciendo Andrea Mouji durante el encuentro de Cocina & Nutrición Funcional que imparte junto a la Dra. Daniella Vignolo en la casa 108 del centro Ashtanga Yoga Chile.

Estando en la universidad, Daniela comenta que nunca le hizo sentido la medicina tradicional: “Entonces volví a la medicina ancestral, esa que enseñó el padre de la medicina, Hipócrates, donde la alimentación viene a ser el pilar de la salud. Nos perdimos en algún momento. La idea es que como médicos, trabajemos una postura preventiva frente a la vida en vez de andar tapando el sol con un dedo después. Y la pregunta es: ¿Cómo estamos hoy en día? Y la respuesta es que la gran parte de la población mundial está con alguna patología”, dice Daniella.

Según el “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional de América Latina” (ONU, 2016), Chile se instala como el segundo país que más alimentos ultra procesados consume, con un promedio anual de 201,9 kilos por persona. Además, un 63% de la población sufre de sobrepeso, principalmente porque lleva una alimentación errónea, con excesos de grasa y azúcares.

Sin más vuelta, para estas dos expertas existe un detonante principal: la tradicional pirámide alimenticia, la que se sugería era la mejor y la que continúa rigiendo la alimentación de la gran mayoría:

“Como base de alimentación tenemos mucho trigo y además refinado. Se sugiere un gran consumo de lácteos, uso de proteína animal y aceites insaturados y tóxicos como el aceite de maravilla y algunos edulcorantes más arriba. También están las frutas y verduras, pero escasa y mayormente cocidas. Mucha gente piensa, ´yo como súper sano´ pero la cantidad de alimentos crudos que ingiere al día es nada. Se sabe que existen cambios químicos con las proteínas cuando se someten al calor, entonces abusar de alimentos cocidos también genera complicaciones”, explica la Dra. Vignolo.

La naturaleza de nuestro cuerpo

“Si uno se come una galletita de repente, no pasa nada. Si esta cosa empieza a pasar todos los días, empezamos a comer pan todos los días, la leptina, que es la hormona que nos provoca la sensación de saciedad, deja de tener efecto. También se generan elevaciones frecuentes y rápidas de insulina. Entonces, como anda mucha insulina dando vuelta en el cuerpo, dice ´estos no son los niveles de insulina a los que estoy acostumbrado´ y lo clasifica como algo tóxico, siendo que es una hormona normal en nuestro cuerpo. Finalmente se crea resistencia a la insulina, que es cuando los tejidos dejan de responder a ella y a la larga, esto desemboca en diabetes” comenta Andrea. “Es importante saber que existen departamentos completos estudiando el cerebro humano para hacer que te comas una galleta y que luego quieras más. Al final, los hábitos alimenticios son la causa principal de la mayoría de las enfermedades crónicas que existen”, agrega.

Pero la buena noticia es que nuestro cuerpo está hecho para sanarse a sí mismo y que depende de cada uno tomar a priori algunas decisiones que nos llevarán a aprovechar al máximo los nutrientes, además de lograr un estilo de vida que dialogue con nuestra naturaleza humana.



Volver al origen: la nueva pirámide alimenticia

No se trata de hacer dieta para bajar de peso ni se trata de contar calorías: “Un brócoli tiene las mismas calorías que una coca light pero cuando hablamos de calidad nutricional no se compara. Una es tóxica y la otra es una maravilla”, dice Andrea. 

Con esta nueva forma de organizar alimentos siempre tendremos el peso adecuado y aprovecharemos al máximo sus nutrientes. Básicamente es la línea que hoy están empleando deportistas de alto rendimiento para lograr una gran cantidad de energía y una gran claridad mental. Además, si seguimos estos pasos nuestro organismo no gastará energía en remediar nuestros hábitos erróneos todo el tiempo, explican las expertas.

Para partir, debemos saber que existe una gran diferencia entre los alimentos: los denominados fisiológicos y los proinflamatorios. Los fisiológicos los encontramos en el mundo natural y son llamados así porque se adaptan a nuestra fisiología nutriendo, vitalizando y depurando nuestro cuerpo sin generar suciedad. En cambio, los proinflamatorios comúnmente se tratan de alimentos procesados, los que resultan ser poco asimilables y de difícil digestión, y los que además de dejarnos residuos, inflaman y acidifican nuestros órganos. Por último, todos estos alimentos terminarán por reducir las bacterias de nuestra microbiota intestinal, disminuyendo nuestra capacidad autoinmune, hinchándonos y haciendo aparecer problemas bastantes comunes como el colon irritable.

La naturaleza de nuestro cuerpo nos exige consumir un 80% de alimentos crudos y un 20% cocidos al día, según Daniella: “El 45% de nuestra alimentación diaria tienen que ser vegetales, ojalá hojas verdes y fibrosas y el 20 % de proteína vegetal como las legumbres, semillas, granos, quínoa, entre otros. Un 20 % de frutas, un 10% de grasas saludables y un 5 % de vegetales almidonados como  las papas y el arroz integral. Los alimentos como la carne y la proteína animal van a generar aumento de residuos que acidifican el cuerpo, es decir, el pH baja. Como las células no pueden vivir con ese pH entonces el cuerpo trata de regularlo. También nos preguntan harto por ejemplo ´ ¿y entonces el calcio de dónde lo sacamos?´ Pero si tú te tomas un vaso de leche a diario, se baja el pH y para regularlo  el cuerpo saca calcio del hueso. Entonces, finalmente estoy tomando mucho calcio de origen animal pero me estoy desmineralizando”, explica.

Lo importante para estas expertas es que en definitiva, si miramos a nuestro alrededor, toda nuestra alimentación se encuentra innata en la naturaleza: una planta de stevia, el azúcar de coco,  los dátiles o la miel pueden reemplazar perfectamente al azúcar refinada por ejemplo, mientras que la espinaca, los higos, los frutos secos, las semillas, las legumbres y los brotes, vienen a ser potentes fuentes de calcio para nuestro cuerpo.

Una alimentación funcional

Mediante un biómetro es posible establecer cuántas emisiones irradia una manzana, versus una galleta, por ejemplo. En este escenario, las irradiaciones de luz de la fruta serían múltiples, mientras que en la galleta, serían nulas.

Según Andrea, es importante considerar el cuerpo energético de los alimentos, es decir, la energía solar que contienen, pues de ellos absorbemos biofotones que se transmiten directo a las células. Finalmente, cuanta más luz contengan, menor será la cantidad de masa alimenticia que necesitaremos para saciarnos.

En este sentido “si consumimos un alimento fisiológico como frutas o verduras, a  nivel de la boca se van a empezar a liberar enzimas, pero como el alimento crudo ya contiene en sí la cantidad de enzimas necesarias para esta función, entonces el trabajo digestivo es mucho menor. El cuerpo no gasta energía en esto, la ocupamos para otra cosa, entonces tenemos más energía.



Para comenzar, Andrea pone especial atención en el primer alimento que consumimos al día: Un vaso de agua a temperatura de nuestro cuerpo, combinado con unas cuantas gotitas de limón, nos ayudará a bajar la acidez y a despertar lentamente nuestros órganos sin alterarlos de golpe.

Después de unos 15 minutos, un alimento que mejorará nuestra digestión y que reducirá nuestra ansiedad por el azúcar y la comida chatarra, será un jugo verde preparado cien por ciento a base de alimentos crudos. Este puede incluir: una manzana verde, pepino, apio, perejil, acelga, piña y agua, (u otros vegetales y frutas a gusto) para licuarlos y preferentemente filtrarlos, lo que ayudará a una absorción más rápida de los nutrientes.

Luego de una media hora, un smoothie licuado y preparado con plátanos maduros, mango, espinaca (o lo que prefieras) más alguna proteína vegetal contenedora de los 9 aminoácidos esenciales, como la spirulina, el cáñamo, la quínoa, la chía, el polen o los fermentos de soya, termina siendo un alimento perfecto para saciarnos durante las primeras horas del día.

“Si pruebas estos alimentos al desayuno tu cuerpo se dará cuenta que está lleno de nutrientes y que en realidad no necesita más. No necesitas comerte un pan para empezar, por ejemplo. Haz la prueba y escúchate”, dice Andrea.

Durante el resto del día, son imprescindibles las ensaladas crudas y los almuerzos a base de semillas, legumbres y otras proteínas vegetales a gusto. Entre comidas también puedes preparar tus propios dulces o snacks como las bolitas de avena, mantequilla de almendra, canela, miel y dátiles; o también los crakers de betarraga (u otro vegetal) con chía, agua, sal de mar y harina de arroz integral, licuados y posteriormente puestos al horno en forma de láminas.

“Lo importante es que te vayas alimentando de forma nivelada y natural. De esta forma evitarás subir drásticamente los niveles hormonales y enzimáticos, evitarás enfermedades y romperás el círculo vicioso, pues las ganas de comer y comer alimentos procesados nacen justamente porque a tu cuerpo no le están llegando los nutrientes necesarios”, finaliza Daniella

No por nada, es imposible manejar un vehículo con el octanaje equivocado. Ahora… ¿qué esperas para cambiar tu combustible?


Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial