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Runology: correr como filosofía de vida

El trail running es un deporte que inevitablemente conlleva a descubrir senderos y lugares. Por eso, muchos aprovechan de inventarse viajes cuando van a una carrera lejos de donde viven. Así nace Runology Project y aquí, te invitamos a conocer su historia. 

Por Carola Fresno.

¿Qué pasa cuando un par de amigas se juntan y comienzan a tirar ideas sobre dónde les gustaría ir a correr en un próximo viaje? La verdad es que nada, la vida sigue, las cosas pasan, y los rincones prístinos llenos de senderos maravillosos para ser recorridos quedan guardados esperando a que a alguien se le ocurra visitarlos. 

O eso creíamos junto a la Tete Onetto, cuando un amigo nos dijo, “oigan, pero si a ustedes les gusta viajar y correr, ¿por qué no arman una columna en una revista en donde cuenten sobre sus viajes de running?”.

La idea nos quedó dando vueltas y de a poco empezó a tomar forma. Ambas habíamos estado en carreras fuera de Chile y gozado de la experiencia, pero también nos pasaba que encontrábamos que en Chile todos iban a las mismas carreras, y era mucho más entretenido buscar lugares y/o carreras distintas, menos conocidas. 

La Tete con la Sole Hott ya habían decidido ir a correr a Bryce Canyon 2017, en Utha; y así fue como conversando con ellas sobre ese tremendo lugar, me sumé a ese viaje y carrera que sirvió de empuje para empezar a armar una lista de lugares en Chile por donde nos gustaría ir a correr. Creamos así una serie de viajes relacionados al running, pero que no solo tuvieran senderos para correr, sino que también nos ofrecieran más cosas para hacer (cabalgatas, pesca, kayak, etc.). Entonces nos embalamos y creamos Runology

En inglés, “run” significa correr y “ology” es “ciencia o estudio de”, por lo que Runology para nosotras es el estudio del correr como filosofía de vida. 

Los viajes mezclarían entonces, el trail running en lugares prístinos tanto de Chile como del resto del mundo, con increíbles paisajes y experiencias locales, sin dejar de lado el disfrute constante, que es una de las grandes características que buscamos las tres participantes.

Finalmente decidimos que con cobertura financiera o no, haríamos cada viaje igual, ya que la esencia y motor principal de este proyecto era lo convencidas que estábamos de que iba a funcionar, sumado a que cada una se visualizaba corriendo en estos lugares increíbles. 

Dicho y hecho, en un par de semanas ya teníamos interesados en apoyarnos, que vibraron igual que nosotras con el proyecto. Con “Ventisquero” fue amor a primera vista y todo calzó, porque su hastag #espiritudesafiante se acopló inmediatamente a nuestra labia. “Vivo Mejor” vino de perilla ya que todas estamos ligadas de una u otra manera a la sana alimentación y queríamos tener una marca de alimentos que nos apoyara e hiciera sentido, y qué mejor que tener tremendas compotas, cereales y pastas. Y junto con los productos de “Primal Foods” (que entraron como colaboradores), logramos hacer mezclas geniales como galletas de avena con cacao nibs y azúcar de coco. “Karun World” no quiso quedar fuera con sus lentes hechos de redes de pesca reciclada. Por último, la música es siempre un tema al momento de correr y “House of Marley Chile” se hizo cargo de esto.  

El primero de los viajes salió rápido y a todas nos calzó, queríamos ir a conocer la zona de Cochamó hace tiempo y qué mejor que hacerlo antes de que partiera la temporada alta. Además, por temas laborales yo tenía que ir a Tagua Tagua y era la oportunidad perfecta para conocer su lago, una gemita escondida que no todos conocen. Todo calzaba nuevamente y partimos. 

De Santiago pasé a Puerto Varas a la “Mesa Tropera” (donde están, para mi gusto, los mejores crudos y pizzas del lugar) y alojé en esta ciudad para tomar el bus a Cochamó al otro día, a las 8 am. 

Teníamos todo conversado con el gringo Mike de Campo Aventura (Miguel o Miguelito como le gusta que le digan) y teníamos que llamarlo al pasar el pueblito de Cochamó. Él nos iba a esperar en el Puente del río del mismo nombre y de ahí nos llevaría hasta donde comienza el camino (o más bien conocido como el Fin del Camino), en donde estaría Horacio esperándonos con los caballos ya que no podíamos correr con los bolsos con peso para  5 días.

Llegamos y estaban un par de gauchos muertos de la risa porque íbamos a subir  corriendo. No nos creían. Nos decían que todos se demoraban de 4 a 6 hrs, que nica la hacíamos en menos. Claramente, nos tenían cero fé pero subimos en 2. 

Nos explicaron un poco el sendero y en resumidas cuentas era: traten de no quedar metidas en el barro, sigan el sendero más marcado y después de 12 km, cuando lleguen a un portón, a mano derecha habrá un río (Cochamó), en donde hay un carrito, y a pocos metros verán la casita en donde Anita las estará esperando. 

Debo decir que reminiscencias del pasado se vinieron todo el rato a mi cabeza… Esos bosques llenos de alerces y arrayanes me hicieron recordar mi vida de guía por la zona de la Patagonia norte, pero saber que al final llegaríamos al tan esperado Valle de Cochamó me traía de vuelta. 



Antes de partir tuvimos que dejar todo listo en la pega porque íbamos a estar sin señal (ni una barrita en el celular, nada de nada ¡Maravilloso!) Entonces esas últimas horas en la capital fueron caos, más el vuelo, la cena, los traslados. Estábamos cansadas y se notaba pero íbamos felices y gozando del paisaje.

Subimos y bajamos siempre con el río a la derecha hasta llegar a un mini clarito, en donde se abrió el paisaje y apareció la primera gran pared de granito que vimos. Después de un estrepitoso “¡la cagó!“, vino un silencio y el sonar de un coliguacho que atentó contra la vida de la Sole, sacamos un par de fotos y seguimos. 

Llegar al famoso carrito fue felicidad plena. No sabíamos que nuestros brazos agradecerían tanto el ir y venir de este curioso transporte. Cuento corto, cruzamos y caminamos por un bosquecito pequeño y precioso para llegar a Campo Aventura, que es por lejos uno de los lugares más bellos y únicos que he conocido (a pesar de que viajo harto). 

Quería gritar y saltar, pero las palabras no salían. Ante tanta belleza me quedé absorta. Estábamos al medio de un plano desde donde se veía en su total dimensión el valle repleto de paredes de granito de más de 1.000 metros de altura, llenas de bosques hasta sus 800 metros, además se sentía el ruido del agua del río y de las cascadas. Si Yosemite era una maravilla, este lugar lo era aún más.

Caminamos unos 800 metros y llegamos donde estaba Anita esperándonos con un delicioso pie hecho sin leche (ya que dos de las integrantes tienen problemas con este producto lácteo), un tecito y su asombro de que nos habíamos demorado solo dos horas y media (cruzando el carrito y todo). Conversamos con ella, que es un personaje sacado de cuento, y luego de reponernos y contarnos algunas opciones para salir a recorrer, partimos en busca de las cascadas.

Bien pavas nosotras no habíamos visto mapas, ni hecho mayor estudio de la zona porque sabíamos que queríamos subir el cerro Arcoíris y quizás el Anfiteatro, pero ante la insistencia de Anita de que necesitábamos más tiempo para este último, decidimos ir por algo más corto. 

Nos pusimos a caminar y por supuesto que nos perdimos, y cuando nos topamos con el Tola Señoret y Max Didies que venían bajando luego de hacer la gran hazaña el Monstruo, tuvimos que dejar nuestra idea de ver cascadas para otro día, y bajar. Recorrimos un poco la zona, pasamos al camping donde estuvimos conversando con JM Vives, que estaba entrenando para Vulcano, y volvimos a nuestro querido hogar en Campo Aventura, una cabañita pequeña pero acogedora, con espacio para 10 personas y la generosidad y cuidado de Anita, que se transformó como en nuestra madre esos días.

Sentimos felicidad al ver que nuestras cosas ya habían llegado y de que podíamos tomar una ducha y disfrutar de la tarde y cena junto al resto de los hospedados.

Lo entretenido de este tipo de aventuras es que no vas solo a correr. Esa noche conocimos a una vulcanóloga que llevaba un mes recorriendo la zona de Chaitén, y la historia de una pareja francesa que vive en La Paz, Bolivia, y que estaban recorriendo el sur de Chile. 



Correr no es solo llegar a una meta o finalizar un sendero. Correr implica compañerismo y conversaciones de aquellas que no se te olvidan nunca más cuando el running pasa a ser un estilo de vida. Y como para nosotras lo es, ese día supimos que todo lo vivido era la razón de nuestros viajes.

El día dos estuvo duro, marcado por el granito del cerro Arcoíris, en donde estuvimos juntas hasta cierto punto porque el vértigo y el cansancio hicieron que solo yo siguiera hasta el primer mirador (el punto más clásico al que se llega), y pudiera apreciar la grandiosidad de esa zona y sus fallas geológicas. ¡Cómo recordé mis clases de Geología y Glaciología cuando estaba en la escuela de guías! No sabía hacia dónde mirar porque todo era roca y formaciones preciosas.

Llegar hasta la primera cumbre no fue fácil. Durante los primeros 45 minutos de trote iba sufriendo, sentía que el corazón se me iba a salir disparado y mi nivel de transpiración era de alto impacto. Eso me estaba frustrando (y preocupando) y sentía que atrasaba el paso de la Tete y la Sole. 

Pero ya pasada la hora de caminata me recompuse y pude marchar sin problemas, cuando llegó el momento de desplegar cuerdas. Lo que yo no sabía era que la Sole sufre de más vértigo que yo, por lo que llegamos hasta un punto donde solo la Tete siguió avanzando por una pared de agua donde, si te caías, por lo menos rodabas 20 metros. Nos devolvimos a descansar a un punto más plano y con tremenda vista porque llevábamos 2 horas sin parar y el cuerpo nos estaba pidiendo un break para comer.

Entre panes, compotas y frutos secos pasó una chica caminando y subió las cuerdas como si nada. Entonces no me aguantó el orgullo y las subí, también como si nada. La Tete vino detrás, pero la Sole no pudo pasar la tercera cuerda y se devolvió.

Con la Tete seguimos camino hasta la cumbre pero como a 100 metros de esta (sin que ella lo supiera) decidió volver porque estaba cansada y no quería dejar a la Sole tanto rato sola. Yo estaba en modo cumbre, le pregunté si estaba bien que siguiera y continué.

Después de 45 minutos del terror, obtuve mi merecido premio: llegué a una de las cumbres más lindas que he visto, era un día soñado y sin nadie a mi alrededor (solo estaba la chica alemana que habíamos visto antes, y de hecho, me sacó un par de fotos y yo a ella).

Este instante quedó para siempre guardado en mi corazón pues en toda hazaña hay un momento donde estás frente a un desafío donde debes saber cómo jugar y manejarlo, y esta vez siento que jugué y que gané en un 100%. 

Al bajar pude correr feliz. Iba tan motivada y decidida de volver a esta zona, que en menos de 20 minutos ya estaba con la Sole y la Tete. Comí algo rápido y seguimos camino abajo. Aún quedaban 4 kilómetros con más de 800 metros de desnivel y mucha cuerda y manejo de altura, pero íbamos contentas, admirando el paisaje y gozando de poder correr sin problemas casi todo el sendero para abajo. 

Llegamos directo al camping y de ahí a los famosos toboganes, y en dos segundos estábamos zambullidas. Luego, nada mejor que comer algo de frutos secos y a la casita. 

Nuestros cuerpos estaban bien cansados. Fue una tarde deliciosa, de mucha conversa con Anita, con Horacio y con Vitoco, otro de los trabajadores de Campo Aventura, quien se ha recorrido todo el valle.

Elongamos, tomamos unos ricos vinos y cocinamos nuestras pastas junto a Anita que le dio el toque hogareño. Invitamos a cenar a los chicos y compartimos la que para mí fue la mejor tarde del viaje en medio de la  Patagonia norte. 

El tercer día se vino muy entretenido también porque dejamos Campo Aventura para correr de vuelta hasta el “Fin del Camino” donde nos estaba esperando la Flo (primera acompañante de Runology) y Boris (administrador de Barraco Lodge). 

El camino ya lo conocíamos, pero así y todo se nos hizo distinto. Nos topamos con harta gente subiendo a La Junta y al ser más de bajada, fue corrido de principio a fin. 

Lamentablemente yo iba con el gemelo derecho medio contracturado y casi al final de los 12 km sentí cómo sonaba y se desgarraba. El dolor fue duro así que tuve que parar, sacar los bastones y caminar los últimos metros, sin casi poder apoyar el pie. 

Tenía sensaciones por montones porque significaba que no iba a poder seguir corriendo el próximo trayecto. Quise llorar del dolor y la impotencia, pero bueno, venía de tres días deliciosos de puro correr y gozar, por lo que preferí no quejarme mucho, a pesar de que el dolor me llegaba hasta el glúteo. 

Dejamos atrás el valle de la Junta y su gente para empezar a adentrarnos en el valle del Puelo, donde aparece el aturquesado lago Tagua Tagua y donde pasaríamos los siguientes dos días en Barraco Lodge, que es simplemente una joyita única en la orilla del lago, y que al encontrarse levemente en altura tiene las vistas desde todo el lugar, que son de postal.

Nos recibieron con un tremendo almuerzo que partió con clases prácticas de cocina local. Aprendimos a hacer chapaleles y milcaos, todas ahí teniendo que meter mano en alguna situación (rayar papas, cortar, mezclar, etc.) mientras nos tomábamos un pisco sour hecho en casa, que después de nuestros tres primeros días de full actividades, estaba más que merecido.}



En la tarde, luego del almuerzo en la terraza con vista al lago, asistimos a una clínica de pesca con mosca que partió con clases teóricas y de técnica en el patio. Las imágenes de Palena y Espolón, en donde aprendí a pescar con mosca, no dejaban de pasar por mi cabeza y pude retomar el “casteo” (nombre técnico que tiene el movimiento de la caña). Fue algo simplemente mágico. Además, era la primera vez que la Sole y la Teté hacían pesca con mosca, para ellas era una experiencia nueva.

Acostumbradas a los deportes que implican movimiento, esto de estar parada mucho rato parecía ser algo muy poco atractivo; pero fue todo lo contrario, ya que luego de la clase técnica y de hacer algo de práctica en el patio, partimos a probar lo aprendido en terreno. 

Ponerse el “waver” fue toda una experiencia, y  qué decir de las botas. Disfrazarse fue de lo más entretenido. Ya en el lago, la hora del día fue perfecta, los cerros de alrededor se reflejaban en el agua y hacían que el paisaje fuera ideal para sacarse tremendas fotos y jugar a sentirse una “casteadora” profesional.

Nuestro cuarto día partió con un paseo en lancha camino a la desembocadura del Río Traidor en el Río Puelo, para ahí correr un tramo de 15 km que había sido trackeado por Boris. 

Luego de una hora en la lancha viendo unos paisajes preciosos gracias a la tremenda mañana que nos había tocado, nos bajamos en una playa con sol en todo el cielo, pero el pronóstico decía que a las 12 se ponía a llover y como en el sur nunca se sabe, siempre hay que estar preparado para las 4 estaciones juntas. 

Las chicas se fueron junto a Nick, guía de Barraco, quien llevaba entrenando todo el último mes para poder acompañarnos, e iban preparados también para la lluvia. 

Partieron desde la playa adentrándose en un bosque muy tupido donde se juntan estos dos ríos, hasta llegar al Lago Tagua Tagua. Iban siguiendo una huella de caballos que bordeaba el río en la mayoría de los tramos, pero ya desde la mitad del sendero,  cuando comenzó la lluvia que los acompañó todo el camino haciendo que todos los colores del paisaje cambiaran, se adentraron más entre campos y sitios de gente local. Corrieron entre caballos, ovejas, chanchos, ciervos  y establos. Básicamente eran los nuevos del sector y tuvieron que parar de correr en algunos tramos porque cientos de vacas curiosas se les acercaron. Llegando al final de la ruta, miraron el GPS y  buscaron la lancha que los llevaría de vuelta al calor del Lodge.

Ya todos juntos retornamos a Barraco y después de almuerzo decidimos no hacer nada. Los cuatro días anteriores ya nos habían pasado la cuenta, había un temporal afuera y el fuego no hizo más que hipnotizarnos. 

En la noche tuvimos nuestra última cena en Barraco, con full lluvia pero gozando de las instalaciones de un tremendo quincho que está hecho para que puedas disfrutar de un rico asado, aún cuando afuera se cae el cielo lloviendo. Y nada mejor que pasar un buen rato en el hot tub para luego terminar la noche celebrando a la Tete que estaba de cumpleaños a las 12am.


Outside

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