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Las cumbres de Pachi Ibarra

Conversamos con la gran escaladora y montañista chilena María Paz Ibarra. Hoy hacemos un recorrido por su vida y descubrimos cómo es posible llegar, literalmente, tan alto. 

Por Claudia Benavídez. Fotos Archivo expedición Paine Grande.

María Paz Ibarra, o “Pachi Ibarra” como se le conoce más popularmente, ha escalado montañas casi toda su vida y hoy, es reconocida por su experiencia en primeras ascensiones de gran altitud y dificultad técnica. 

Así ha recorrido el Cordón Centinela en la Antártica, Los Himalayas en Asia, Los Alpes en Europa y Yosemite en Norteamérica, y por supuesto, Los Andes y la Patagonia en Sudamérica, entre otras muchas montañas. 

Ha trabajado como guía y monitora en Chile Vertical, y luego, guiando para la empresa Antarctic Logistic and Expedition, donde ha escalado decenas de rutas nuevas. 

Pero, ¿cómo ha llegado, literalmente, tan alto? En este post nos cuenta un poco sobre ella, sobre montañismo y su vocación por enseñar, y sobre cómo la misma naturaleza le ha dado la habilidad para adaptarse a los nuevos tiempos con distancia social.

Amor natural

Hoy, Pachi vive sola en Pucón, casi a las faldas del volcán Villarrica y rodeada de naturaleza. Lleva aquí unos 5 años pero casi toda su infancia la vivió en Santiago, una ciudad donde, al principio, no existía mucha cultura de ir a los cerros.

¿Cómo llegó a empaparse de tanta experiencia entonces? Todo se remonta a sus padres, piensa ella, quienes se conocieron siendo scouts cuando eran jóvenes. Amantes de la vida al aire libre, inevitablemente transmitieron a su hija un enorme cariño y respeto por la naturaleza, y era costumbre conocer, de vez en cuando, parques nacionales, cerros y lagos. 

“A mi papá le gustaban mucho las montañas de forma amateur, no era fanático pero acostumbraba a salir al cerro. Entonces, desde chica escuchaba un poco de estas montañas que rodeaban Santiago. Desde pequeña fui al Maquehue, al Provincia…recuerdo haber subido a la Provincia a los 12 años”, cuenta la escaladora.  

A los 7 años vivió en Osorno pero solo fue por un año. Aquí, su papá formó parte de un club andino junto a unos amigos, con quienes compartía el gusto por las ascensiones. 

“En ese club hablaban sobre subir el volcán Osorno, o sobre el Puntiagudo por ejemplo, al que tildaron como ‘la montaña imposible’. Después se juntaron con ese mismo grupo en Santiago y tenían proyectos para ir al Aconcagua y otras partes”, dice Pachi. 

“Y mi mamá también apañaba harto con el tema de acampar, le gustaba mucho la naturaleza. Ella nos llevaba a El Manzano, esto hace como 30 años. Eran los ‘80, ‘90”, recuerda. 

Cuando Pachi estaba en el colegio, cuenta que a veces se arrancaba por el fin de semana con algunas amigas, hacían dedo e iban a acampar a Baños Morales, en el Cajón del Maipo.

Luego, cuando terminó el colegio, decidió ir a la universidad y estudiar ingeniería, sin embargo, lo que más le importaba era que la universidad que había escogido ofrecía cursos de montañismo.

“Era mi principal motivación. Estudié en la Católica y me inscribí en los cursos de montañismo que impartía Claudio Lucero ahí, y así fue como empecé a conocer un poco más sobre montañismo”, dice. 

Y en realidad, Pachi terminó pasando gran parte de su tiempo universitario en las canchas de San Joaquín, donde realizaban estos cursos. 

“En Montañismo 1 armamos un grupo súper bueno, entre ellos estaba Camilo Rada, Kiko Guzmán, Oliver Flores, hartos, éramos como diez. Entré a la Católica el ‘97 y me tocó una generación increíble”, dice. “Y de hecho armamos un club al que llamamos Cumbres Australes, y empezamos a hacer varias expediciones de exploración en distintos lados”, cuenta.

Fotos de archivo. Expedición Paine Grande.

Cumbres Australes

Para este grupo de jóvenes montañistas, todos los fines de semanas eran para entregarse a la aventura de subir distintos cerros de Santiago. Pero cuando llegaban las vacaciones, estas aventuras iban mucho más lejos. 

“Nos fuimos a meter a la Patagonia con lo que teníamos, con un súper bajo presupuesto, aperrando. Nos íbamos a meter a los Campos de Hielo por un mes y nos hacíamos unos trineos con unos tambores azules, los cortábamos por la mitad y le poníamos unos rieles. También nos íbamos a la Vega a comprar las galletas más baratas. Y nos conseguíamos apoyo por varios lados, de la universidad, con otras empresas. Era algo muy incipiente en esos momentos”, recuerda. 

Este tipo de expediciones las preparaban a lo largo del año, y durante ese tiempo iban consiguiendo parte del equipo básico. Las marcas outdoors aún no llegaban a Chile o eran demasiado costosas. “Además, no existía tanto equipo para mujeres. Pero esto no era un obstáculo, obviamente”, dice Pachi. 

Lo que más le motivaba a los miembros de Cumbres Australes era pasar el tiempo recorriendo lugares sin explorar y cerros sin ascensiones en la Patagonia.

De esta forma, Pachi se dio cuenta de que en realidad siempre le había apasionado el deporte y el aire libre, y luego de alcanzar a estar 3 años en ingeniería, se retiró.

“Sabía que quería otra cosa para mi vida. Tampoco lo tenía tan claro pero me cambié de carrera, a Educación Física. Pero como no estaba esa carrera en la Católica, tuve que salir de ahí. Ya llevaba 3 años juntándome con este grupo de montañismo súper motivado. Aprendí mucho ahí”, cuenta.

Se cambió a la UMCE pero siguió viéndolos. “Los lazos ya estaban”, dice. Y a la par, empezó a trabajar en Chile Vertical como monitora y guía, dando comienzo a su vocación por el guiado.  

Chile Vertical

Mientras estudiaba pedagogía en Educación Física, Pachi fue aprendiendo poco a poco lo que significaba ser una guía de montaña. Su escuela fue Chile Vertical, una empresa y fundación dedicada a la escalada, fundada por Rodrigo Jordán, montañista y empresario chileno, y líder de la primera expedición sudamericana que llegó al Everest, en 1992. 

“Aquí trabajaba de guía y de monitora de vida al aire libre, y me empecé a meter un poco más en el guiado. Empecé a tomar otros cursos también”, cuenta la escaladora. 

Y en cuarto año y casi terminando la carrera de Educación Física, la invitaron de Vertical a participar en una expedición al Lhotse. “En ese momento, para poder ir a la expedición, yo tenía que congelar la universidad y dije altiro que sí. Quería mucho hacerlo, podía postergar un año y fui al Lhotse”, recuerda. 

Así, Pachi Ibarra se convirtió en la única mujer en integrar el equipo que puso a 15 escaladores chilenos en la cumbre del Lhotse (8.516m) en 2006, la cuarta montaña más alta del mundo ubicada en el Himalaya. 

“Después de eso, Camilo Rada me invitó a participar en una expedición a la Antártica. Él llevaba dos años haciendo éstas junto a Rodrigo Fica y otros compañeros, y era a través de una fundación, The Omega Foundation, que ellos estaban haciendo investigaciones allá. La idea era medir las montañas en el cordón Centinela, que es donde están las cordilleras más altas de la Antártica”, cuenta.

 El llamado de la Antártica

La misión de Pachi era subir las montañas con un GPS de alta precisión, dejarlo ahí por unas 10 o 12 horas y después recuperar los datos. Así pasó dos meses en la Antártica. 

“Y ese fue un sueño porque, en el fondo, lo único que tenía que hacer era subir cerros, y todas eran montañas hermosas, muchas con primeras ascensiones. Todas las subimos por rutas nuevas. Algunas eran bastantes técnicas, con pasos verticales, nieve, roca… Así fue como varias de las altitudes cambiaron, de hecho, cambió un poco el orden de las montañas más altas de la Antártica”, explica la montañista. 

En este proyecto participó durante dos temporadas. Luego retomó la universidad al año siguiente, pero la Antártica ya la había cautivado. Dos años más adelante, ya terminada su carrera, decidió postular para trabajar en la empresa Antartic Logistic Expedition, donde actualmente trabaja guiando . 

“Por lo general, en verano trabajo en Antártica. Trabajo guiando por unos tres meses. Y esto fue lo que alcancé a trabajar este año. Justo terminé esta temporada y luego vino el tema del Covid”, cuenta Pachi.

Pachi en la Antártica. Foto por Olga Mallo.

Certificación Internacional de Guías

En cuanto a temas de trabajo, Pachi dice que la Antártica es su fuerte, “y de ahí pensaba trabajar con otros proyectos, antes de saber sobre la pandemia”, dice.

Ha sido un año muy complicado para todos, piensa Pachi. “Este año se postergó la postulación para que en Chile gane la Certificación Internacional de Guías. Obtener esta certificación era mi pega o proyecto de este año”, cuenta. 

Finalmente, esta certificación internacional otorgada por la UIAGM venía a abrirle las puertas a una gran cantidad de futuros guías, pues sumarse a los estándares internacionales les permite trabajar también en otras partes del mundo. Sin duda, era una noticia que muchos aficionados a las cumbres querían recibir. 

“En Chile solo hay certificaciones a nivel nacional. Yo tengo la de la ENAM, de la Escuela Nacional de Montaña, como guía instructor, pero de todas formas falta la certificación internacional”, dice Pachi. 

“Creo que se necesita esa unión, ese estándar para generar una fuerza de guías y de turismo de montaña”, agrega. De hecho, de todos los países de Sudamérica, somos de los pocos que no cuentan con la certificación internacional de guías, explica. 

“La tiene Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina, es decir, todos los países que están alrededor de los Andes. Pero entiendo que eso va bien. En el verano hubo una asamblea internacional de la UIAGM en Argentina y ahí se acordaron varias cosas. Va bien encaminado pero habrá que esperar”, concluye la montañista. 

Modo pandemia

Al mismo tiempo, la pandemia le ha abierto a Pachi un espacio en Pucón para aprovechar de hacer algunas cosas que tenía pendiente, como disfrutar del lugar donde vive y terminar proyectos personales para los que no tenía tiempo.

Y si bien, todo ha sido un poco incierto en cuanto a temas de trabajo, distancia, familia y amigos, Pachi cuenta que se siente afortunada de vivir en medio de tanta naturaleza y en soledad. 

“Mi forma de vida me ha ayudado un montón porque en el fondo,  en la montaña se vive de forma súper simple, y hay que ser paciente. A veces me ha tocado estar 10 días encerrada en una cueva de hielo. El montañismo me ha enseñado un poco a sobrellevar distintas situaciones y a adaptarme a estos cambios. Pero esto lo digo desde una posición muy privilegiada”, comenta. 

Según ella, “la parte social es super importante y uno debe ponerse en lugar de otros que la están pasando muy mal. El mundo se ha vuelto muy individualista, entonces, deberíamos hacer trueques y comunidad. Y apoyar de mil formas. Preguntarle al otro y ser sinceros cuando contamos cómo se está viviendo esto”, dice. 

Lo positivo para Pachi es que por primera vez siente que ha logrado mantener una rutina, algo que le ha costado demasiado por encontrarse siempre de viaje. Hace poco le avisaron que una nueva temporada en la Antártica fue cancelada, y ahora, le es preciso enfocarse en otras cosas. 

“Acá, por ejemplo, aún no he podido hacer la homologación para guiar en el volcán Villarrica. Y esa homologación la hacen siempre en diciembre, que es cuando estoy en la Antártica, entonces no la he podido hacer. Ojalá este año se haga, sería ideal para mí”, dice. 

Y no solo en el volcán. “Me parece muy bonito guiar en los trekkings acá y encuentro más bonito incluso, enseñar sobre la fauna, la flora, y las riquezas naturales que tenemos. Me encanta esa idea”, comenta la también profesora de Educación Física.

Además, este tiempo le ha servido a Pachi para entrenar un poco, correr y subir cerros. “La verdad es que salgo de la temporada antártica y me cuesta lograr proyectos personales. Además, como no estoy escalando al mismo grado, he estado mucho más floja porque al guiar, uno no va a ritmo deportista”, explica. Por último, asegura que gracias a eso, hoy se siente mucho más fuerte que antes. 

Siempre educando 

“A mí el tema de educación me gusta mucho”, insiste Pachi, y durante este tiempo también se ha dedicado a participar en varios seminarios, webinars y charlas sobre montañismo. 

Y en cuanto a su pasión, la escalada, dice que “hoy más gimnasios y cada vez más gente se acerca para aprender. Pero no se trata solamente de enseñar a escalar”, explica. 

“Duele ver cómo algunos lugares han desaparecido, como sucede con El Cajón del Maipo, por ejemplo. En la escalada y en todo ámbito en realidad, es muy importante educar. Si alguien quiere hacer montaña y escalar, tiene que tenerle mucho respeto a la naturaleza y dejar el menor impacto posible”, insiste. 

Según ella, es tremendamente necesario que el ser humano permanezca al aire libre, pues tomar contacto con la naturaleza es lo único que lo hará valorar mucho más lo que tiene alrededor.

Finalmente, “siempre va a haber un impacto. Yo soy parte de ese impacto cada vez que voy a la montaña, pero es importante saber cómo minimizar ese impacto y mi misión también es intentar transmitir esto a la gente. Y en esto estoy trabajando ahora”, concluye la montañista.

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