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Viajeras solitarias

Ellas no esperan a que nadie las invite. Tampoco esperan a que sus amigas o cercanos se hagan el tiempo para acompañarlas porque, en el fondo, nadie más puede seguirles el ritmo.  Sin miedo, estas mujeres recorren en soledad el mundo que ellas mismas anhelan: sin prejuicios y sin que el género sea un tema.

Por Claudia Benavídez. Foto: Catalina Ortiz.

Ese día, Valentina decidió tomar el tren hacia Praga. Le pareció que era hora de continuar y de dejar simplemente atrás todo el romance que le había entregado la ciudad italiana de Venecia; también su comida, sus palacios y sus iglesias a orillas del Gran Canal y sus góndolas. Sin pensarlo más, subió a la máquina y se acomodó en los primeros vagones.  Antes de quedarse dormida, la joven de 24 años escuchó a los guardias dirigirse a los pasajeros en un idioma que no era inglés y que le pareció muy extraño. Así fue como Valentina se despertó en Viena y no en Praga.

“Como no tenía nada programado, simplemente bajé del tren. Fui a tomar desayuno, conocí el centro, terminé alojándome aquí y al otro día me fui”, dice Valentina Segovia al recordar su primer viaje sola por Europa. 

En Italia, también, le robaron el celular. Y aunque su primera reacción fue de desencanto, la desgracia terminó transformándose en dicha cuando se dio cuenta de que la desconexión era un ingrediente que combinaba muy bien con el sentimiento de libertad que estaba experimentando. “Yo creo que al final eso te dan los viajes. De experiencias extremas o malas, puedes sacar lo mejor. Lo que me encanta de la gente que viaja es que son personas que se pueden adaptar a múltiples situaciones. Al final, es esa flexibilidad que te da el estar viviendo el momento, en la que uno tiene que estar preparado para todo además”, reflexiona.

Fueron tres meses recorriendo Europa. Había salido recién de la carrera de periodismo y había ahorrado un poco de dinero. No lo pensó más y se compró un pasaje a Madrid. No tenía un plan de viaje ni nada. Lo único certero, en ese momento, era que en tres meses más iba a estar de vuelta en Chile. Así fue como Valentina conoció Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Portugal, Hungría, República Checa y España.

Justamente en España guarda uno de sus mejores recuerdos: “¡Me enamoré de un hindú! Me lo encontré en Granada. Estaba trabajando en una pasantía y alojaba en el misma hostal que yo. Pero ya es una historia pasada. Una linda experiencia”, dice sonriente. 

Otra viajera que tuvo la suerte de encontrar a un compañero es Francisca Jeager. “Hace dos años conocí en Estados Unidos a Benjamín, un chileno que también viajaba solo. Salíamos a veces, pero la mayoría del tiempo cada uno hacía sus cosas. Hasta el día de hoy seguimos hablando por Facebook y WhatsApp”, dice la joven de 24 años. 

Esa era la tercera vez que Francisca pisaba Nueva York, pero la primera vez que lo hacía completamente sola. Intentó conocer todos los lugares a los que nunca había ido. Y lo mejor de todo, es que pudo descansar todo lo que tenía pensado porque siempre fue ella la que manejó el ritmo.   

Pero Francisca todavía no sabe bien qué es lo que la impulsa a viajar sola: “Será que me encanta viajar. De hecho mañana me voy sola de nuevo. Me voy a Los Ángeles, Estados Unidos. Fue una decisión muy personal, estaba ahogada. Sueno como la Olguita Marina (ríe). Estaba pasando por un proceso bien crítico emocionalmente y a mí lo que me sana mucho son los viajes. Quiero tomarme el tiempo para aprovechar sola. Aunque la verdad, uno nunca está sola”.  



Valentina recuerda un carrete en la azotea de una hostal cualquiera. En total, los invitados eran 20, todos de distintas nacionalidades. “Esa fue una experiencia que no puedo contar con palabras. Me encanta una frase que dice: los viajes son los viajeros. Porque al final, un viaje se hace con la gente que vas conociendo en el camino, de la experiencia que vas viviendo”, cuenta.

Pero para esta viajera, es necesario adoptar ciertas características antes de salir por el mundo. “Una mujer que viaja sola tiene que ser aventurera, valiente, arriesgada, y sobre todo, una persona completamente abierta de mente, flexible y sociable.  Ahora, si la persona no es sociable igual lo puede hacer pero tiene que estar dispuesta a interactuar con un otro, creo yo. Hay mucha gente que viaja sola y que no conoce a nadie. Viajar sola es un viaje distinto, lento y mucho de sumergirse con la gente”, dice.

Antes de llegar a Portugal, Valentina había decidido que se iba a quedar dos noches en Lisboa. Pero no se dio ni cuenta cuando llegó a hacérsele una pequeña costumbre el decir ‘Ya. Hoy sí que me voy’. Pasaron nueve días y a pesar de su resistencia, pensó que ya era hora de despedirse de los buenos amigos que aquí hizo. Quizás no los volvería a ver. Sin embargo, una gran sorpresa se llevó el año pasado cuando supo que debía tomar el papel de anfitriona. Los amigos que había hecho al otro lado del mundo, venían a visitarla a su propio país.  

“El tema de género no tiene por qué ser tema” 

Ambas viajeras sentían una felicidad indescriptible al estar allá afuera, en el mundo. Además, sabían que no podían estar invirtiendo mejor su dinero. Francisca y Valentina también descubrieron que ganaron una seguridad que antes no tenían.  “Nosotras estamos siempre pensando en que ‘me quiero ir de viaje pero nadie me quiere acompañar’. Pero ¿por qué tenemos que esperar a que alguien nos acompañe, si en el fondo lo podemos hacer solas? Hay un mundo afuera y lo podemos salir a recorrer igual”, afirma Francisca.

Pero una de las riquezas más valiosas que obtuvieron, concuerdan, es que pudieron sobreponerse a los prejuicios. “Cuando tomé la decisión de viajar sola fue complicado porque le dije a mi mamá que quería ir a Nueva York y me regalaron el pasaje. Pero no dejaban de decirme ‘pero cómo vas a ir sola, imposible’ o ‘te vas a aburrir, no vas a conocer a nadie’. ´Ten cuidado que te puede pasar algo´. Y yo les decía ‘ya, si no pasa ’”, recuerda Francisca.

De pasarles algo, puede ocurrirles en cualquier parte, coinciden. Según ellas, lo esencial es  andar con cuidado y ser precavida, como siempre. “Uno se tiene que olvidar de todo, cerrar los ojos y chao. O sea, eres mujer, eres vida. El tema de género no tiene por qué ser tema”, dice Valentina. 

Sin embargo, una vez en Turquía, Valentina sí lidió con este tema. Aquí fue víctima del constante acoso callejero al que están expuestas diariamente las mujeres. Pero eso no fue todo. Para que la dejaran entrar a la famosa Mezquita Azul, debió inventar una especie de velo con una falda que logró conseguir. En este lugar, las mujeres con cabezas descubiertas suelen tildarse despectivamente con los sobrenombres de “cucarachas” o “el coco”. Pero como si fuera poco, los jeans ajustados que vestía ese día, terminaron siendo el veto final. De todas formas, Valentina no pudo entrar al enorme edificio musulmán que había ido a visitar.

Hace poco más de un año, por medio de la prensa se conoció el crimen contra dos mendocinas que paseaban por Ecuador, Marina Menegazzo y María José Coni. Ellas fueron capturadas, violadas y asesinadas. Inmediatamente, comentarios como  ‘eran mujeres y viajaban solas” o  ‘seguro estaban alcoholizadas’, no se hicieron esperar en redes sociales, desatando un debate.

“Me dan rabia un poco estos temas, te juro. Le podría haber pasado a cualquier persona y le podría haber pasado aquí en Chile o en Ecuador.  Me complica el tema de ellas porque podría haber sido yo. Es súper difícil ser mujer y viajar sola. Sobre todo acá en Sudamérica que es mucho más machista. Sudamérica la viajé entera pero lo hice con amigos. Yo creo que sola hubiera sido muy distinto. En Europa es más libre y por ejemplo, en las hostales puedes pedir piezas con puras mujeres o puros hombres. Y son piezas gigantes y es súper entretenido”, reflexiona Valentina.

Aunque suelen no planificar demasiado, Francisca y Valentina ya tienen en mente nuevos caminos por descubrir. Ambas recomiendan experimentar un viaje en soledad porque en el mundo “no va a pasar nada del otro mundo”, dice Francisca.

¿Qué le dirías  a una mujer que quiere, pero que nunca se ha atrevido a viajar sola?

“Que lo haga, que no lo piense demasiado. Que va  a llegar muy cambiada. Definitivamente, va a ser la experiencia más increíble que viva en su vida”, concluye Valentina.



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