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Gaucho y Yo

Cuando vi por primera vez el vídeo “Sun Dog” me emocioné en lágrimas sabiendo que eso era lo que yo podría querer como deseo de montañas: Nieve, un perro y unas tablas de esquí de randonée bajo mis pies. Las líricas, las melodías, el pelo al viento del perro llamado Conga en el vídeo con sus ojos brillando al mirar al horizonte, todo rebotó con en mi cabeza incluso, hasta el día de hoy. Ese vídeo lo vi hace más de 4 años.

Por Tito Nazar.

Una vez mi padre tuvo un perro que llamó Seeker. Era un Brittany que trajimos de Estados Unidos y lo adquirimos como perro de caza de patos, conejos, liebres y caiquenes (gansos salvajes). Fueron tiempos muy bellos donde nos ganábamos la comida y convivíamos tiempos familiares sellados imperecederamente en la memoria. Muchas cosas, por falta de experiencia con Seeker hicimos mal. Pero a pesar de todo, era un excelente cazador, pero para mi era el mejor atleta que conocí. Tenía una sed por las estepas y unas ansias por cazar descontroladas. Nunca olvidaré que era un temerario; siempre iba en línea recta por donde sea y todo lo esquivaba, lo saltaba, lo nadaba o lo que fuera necesario con tal de ir a fondo por el campo. Aún de cachorro lo vi zambullirse por sacar un caiquén del agua casi congelada y traernoslo a nosotros. Fue algo tan heróico que se nos cayeron las lágrimas. Yo no fui el dueño del Seeker, pero creo que yo fui su familiar favorito y para mi el mejor perro que pude conocer.

Después de aquel vídeo (Sun dog) no profundicé mucho en tener un perro, básicamente por vivir en un departamento y porque mis condiciones laborales no me lo permitían dándome un ingreso relativamente bajo, entonces, en caso de que el perro sufriera una emergencia médica no podría cubrirlo.

Por otro lado, las aventuras que hago tiendo a hacerlas más en modo solitario, siempre fue así desde que me metí en la montaña. Ya teniendo sobre los 34 años todos mis amigos se casaron, muchos se separaron y a muchos otros los pusieron en cargos laborales con más responsabilidades lo que implica que el hobby de la montaña pase a último plano.

Por mi parte, yo intento seguir igual. Lo que llaman muchos pasión por la montaña yo lo llamo amor que se ha vuelto cada vez más auténtico y auto regenerativo en la sed por vivir en ellas. Evito compromisos laborales que me alejen de ella y eso me conlleva a tener aún tiempo para disfrutar muchas horas a la semana en ellas. Como suelo decir, aún colecciono amaneceres…

Me muestro como que soy un tipo muy sociable y que hablo mucho, pero la verdad es que soy muy solitario. Suelo estar solo y suelo sentirme solo. Pocas veces puedo hablar de lo que me gusta y por eso puedo hablar todo el día de lo que los otros quieren, pero yo, me siento en mi mundo y lo vivo bien enclaustrado. Lo disfruto, lo agradezco y pocas veces me viene mal estar así. Pero hace un par de años algo cambió. Decidí que mi soledad no sería llevada de la misma manera. Que algo cambiaría y consideré seriamente tener un perro. Entonces, me puse a leer del tema. Y siempre mi principal obstáculo fue el tenerlo en un departamento. Cada vez que vi a alguien con un perro de mi gusto lo intercepté para preguntarle cómo era la experiencia y si el perro era feliz. Algunos eran bien rectos en decir que era duro, que implicaba mucho esfuerzo y basado principalmente por el exceso de energía que tienen. La estimulación mental y física eran primordial que se los pudiera proveer en caso de adquirir un cachorro. Algunos menos, me invitaban a tener un perro, que a pesar de los esfuerzos grandes, la recompensa que entregaría el compañero sería invaluable.

Seguí estudiando al respecto, y seguía hablando con dueños de perros cuando los veía en las calles. Aún no me sentía preparado, tenía temor de no hacer al perro feliz por un capricho de cubrir mi soledad.

En el intertanto, cuando empecé a dar “likes” a perros en Instagram, me di cuenta que me aparecían más y más, por lo que para no ahogarme en ansias dejé de dar “double tap” y las vistas a animales bajaron.

Llegó el invierno, mi equipo de esquí de randonée pisó cientos de kilómetros de montañas y todas las veces me imaginé estando allá arriba con un perro. Miraba el campamento, veía qué equipo necesitaría, si cabría en la carpa, cuánto alimento podría cargarle y qué tan fácil sería moverme con él.

Después llegó el calor, los mantos blancas de lo cerros se fueron y el marrón reinó bajo los 30º de calor promedio. Mientras seguía imaginándome qué raza de perro querría correr sobre 30 kilómetros los fin de semana, si sería todo tan bonito o si la mantención del animal sería tal que mi vida de solitario se vería afectada por haber adquirido un compañero que necesitaba cuidados especiales impidiéndome ir a las alturas.

Los meses pasaron y cayeron las hojas de los árboles, las pasturas amarillas de los andes centrales se volvieron verdes, las caras Oeste de los cerros se pusieron húmedas, las gotas del cielo limpiaron los aires capitalinos y pensaba en lo perfecto del tiempo para correr con un compañero de cuatro patas. El ímpetu se hacía cada vez más vivaz.

A veces, cuando exteriorizaba con gente de confianza mis intenciones me venía una aceleramiento de las pulsaciones de imaginarme al animal acariciándolo con mis manos y siendo felices él y yo en la montaña, en la casa, siempre juntos. Creo, que por ese entonces decreté en voz alta que tendría algún día un Border Collie y que se llamaría Gaucho.

Tito y Gaucho conociéndose por primera vez.

Un invierno más llegó e hice más salidas de randonée durmiendo en carpa los fin de semana. De nuevo imaginaba al can durmiendo sobre una colchoneta evitando el frío. Ahí deduje el equipo que necesitaría para dormir y que debería comprar una chaqueta de plumas en una tienda de ropa usada para convertirla en un saco de dormir. Mas a pesar de tener el nombre, la raza y el equipamiento en mi mente, todo estaba solo ahí, etéreo. El can aún no estaba viviendo conmigo. Ni siquiera aún lo conocía.

A veces a mi trabajo llegaban clientes con perros y siempre los hice pasar con ellos. Algunas veces entraba un border collie y el estómago se me apretaba y mi cara se arrugaba en pucheros de ganas que no podían ser disimuladas. Yo solo tenía la certeza que el sueño sucedería, pero que no pasaría hasta sentir que era el momento.

Un día, recuerdo que me senté al computador a calcular lo costos mensuales de mantener un perro sano y ver si se enfermaba, si podría pagarlo o no. Coticé alimentos premium y super premium y vi que siendo ordenado en mis dineros, podría darle de lo mejor a un cachorro si hacía la jugada final. Me estaba sintiendo cada vez más listo.

Un día, un compañero de trabajo me dice que hay un Border Collie que está para adopción, que el dueño es un corredor de calle y que el espécimen tiene 2 años. Todo fue tan perfecto que de inmediato escribí a esa persona. Le dije que era corredor de montaña y esquiador y que yo sería por lejos el mejor dueño que ese perro tendría.

No me respondía los mensajes por lo que lo llamé. 3 días después me dice que lo dio en adopción a un hermano de él, que por eso nunca me regresó los mensajes. En ese momento me di cuenta que había abierto formalmente mi corazón a hacer una familia con un perro.

El lunes entro a Instagram y aparece una muchacha muy joven en una cascada con un border collie (@trekkingbluemerle). Sin poder explicar por qué, le pregunté por mensajería directa si sabía de alguien que tuviera uno como el de ella. Ella me dice que efectivamente acababa de nacer una camada hermana de la de su perra hace tan solo 7 días, pero que pediría permiso para darme los contactos porque la dueña era inmensamente estricta.

Me dan el fono de contacto, llamo a la muchacha y le digo a grandes rasgos que soy montañista, que necesito un amigo cuadrúpedo y que si engancho con uno, tal animal coleccionaría tantos amaneceres que sería plenamente feliz a mi lado. Camila acepta una reunión para vernos en un día jueves de invierno para ir a conocer la camada.

Ahí conocería a la madre, Brille. Una Border Collie súper especial con una personalidad única que conserva calma, estilo y energía atómica, todo en un solo ser. Me encariñé de inmediato con Brille y mi corazón fue suyo esa misma tarde.

En esa reunión le digo a Camila que no estoy seguro de tener un perro. Le expliqué el tema del departamento, de mi estilo de vida y que yo no podría lidiar con hacer sufrir a un animalito por mis mezquindades.

Camila tiene mucha experiencia con animales, creció en los campos de Valdivia y tiene perros de toda su vida, los educa muy bien y eso me lleva a ponderar sus palabras como las de un maestro a un discípulo.

Ella me explica que lo del departamento es muy llevadero si lo hacíamos correctamente, que además ella estaba dispuesta a asesorarme en todo lo que yo necesitase.

… Cuando Camila me respondió cada uno de mis miedos con una respuesta cargada de esperanza lo único que me decía mi interior era “estoy perdido, tendré un perro”.

Una cosa que me llamó la atención era que a la Brille no se le caía el pelo. Camila me explicaba que era por la dieta que consumía, que no era pellet, sino una dieta llamada Barf, que en español se le llama ACBA que quiere decir “Alimentos Crudos Biológicamente Apropiados”. Ello me pareció tan impresionante. Aún hoy no lo puedo creer por las mejoras en los resultados de la calidad de vida del animal.

Camila me hizo sentir tan cerca de mis sueños, me alejó tanto de mis miedos y me llenó de un horizonte pleno de naturaleza y ladridos al que mi espíritu se conmovió en sentires suaves y profundos.

A Camila le digo algo así como “de los 6 perritos que tienes, a mi no me importa que sea el más feo, pero sí quiero al más prendido, al más inteligente, al más vivaz, al más ágil y el que parece que nunca se le acabará el combustible”.

Familia de Gaucho.

Camila me comenta que dado lo que hablamos por teléfono previo a nuestro encuentro, ella vio a la camada y que el que más se adecúa a mi estilo es el perro que ella nombró Bay. Es el que pesa menos pero que a pesar de eso, es el que más se esfuerza en tomar leche y es el primero en despertarse y molesta siempre a sus hermanos. Eso de que es el más pequeño no me gustó para nada, pero creí tanto en Camila que dejé llevarme por ella y le pedí que me diera hasta el lunes para decidir si aceptaría al cachorro, que si aparecía una tercera persona queriendo el mismo cachorro que me avisara, pero si esa persona ella creía que era más apta que yo, que lo entendería.

No fui capaz de esperar hasta el lunes y el viernes en la mañana le digo por teléfono a Camila que quería al Bay junto a mi. Se me quiebra la voz al hacerlo oficial y queda todo sellado. Pactamos que yo iría a verlo mínimo una vez por semana hasta que él cumpliece los 3 meses, así, aprendería mucho de comportamiento con la madre pasando el máximo de tiempo posible mientras amamantaba.

La única forma que fui capaz de reconocerlo dentro del grupo de hermanos era porque su antifaz negro en la zona de los ojos es particularmente muy junta. Sino, nunca podía encontrarlo cuando estaba mezclado con sus hermanos.

Mientras tanto, me puse a investigar sobre nombres, pero al poco tiempo asumí al destino y lo llamé Gaucho. El pasado se hacía presente y lo decretado cobraba materialidad y me vi en mis espacios conviviendo con un cachorro de tres meses. Gaucho no lloró en las noches, sí estuvo falto de apetito unos días pero pronto se adaptó a mi vida y mis espacios.

Con lo que más me compliqué fue con el tema de la orina y fecas. Se orinaba y cagaba en todos lados, eso me ponía de pésimo humor porque tenía que estar pasando escoba y trapo varias veces al día, manchó las alfombras de las piezas y todo se complicó cuando empezó a morder todos los muebles.

No fui capaz de entrenarlo para que contuviera orina y fecas hasta que le compré pasto real en la terraza y las pasadas de escobas y trapos hoy se reducen a una vez por día para sacar el polvo que se produce por su ajetreo, pero ya no por sus necesidades. Gaucho es un perro energético, obediente, inteligente y curioso.

No me gusta decir que es un perro perfecto porque todos creemos que lo nuestro es lo mejor. Creo que me limitaré a decir que el Gaucho me hace demasiado bien…

Un día estuve muy enfermo y me levanté a correr a las 6 AM para una travesía, pero en vez de ponerme una polera, terminé vomitando fulminantemente y tuve que recostarme. Desde las 7 hasta las 18 horas dormí casi sin parar. No tenía fuerzas para alimentar al Gaucho y él cada vez que abrí los ojos me acompañó recostado en el piso de mi cama. No me pidió comida, ni agua ni bajar al patio a jugar. Creo que entendió que estaba mal y no podía estar para él. Él estuvo para mi. Cuando me sentí mejor le di comida y salimos a caminar una hora y media al anochecer.

Otra cosa algo compleja para alguien que hace tanto deporte como yo, es que aún no puedo ir con él al cerro correr. Los huesos de los perros, al estar en formación, no pueden sufrir excesos de impactos, especialmente por saltos de mucha altura. Sí claro, puede correr y jugar con otros perros, pero al cerro a cosas tan duras aún no es recomendable. Por ello es que he decido llevarlo a un parque AM y PM cosa que aproveche de descargar sus energías pero además aprenda la sociabilización con humanos y otras mascotas. Entre ambas jornadas lo bajo al patio del edificio para que olfatee y ocasionalmente tenemos sesiones de comportamiento, que al final son que obedezca a mis llamados, que se siente, y que esté siempre pendiente de mi y yo no de él.

Sacar a pasear a un perro parece algo muy simple, y ciertamente lo es. Pero yo veo al perro como parte de la familia, como una jauría, y es por ello que elijo estar con él cuando salimos a hacer algo. Como él está pendiente de mi, yo lo estoy de él, entonces, evito estar caminando con él mientras yo uso el teléfono. Cuando voy al parque, todos los que tenemos perros ya nos conocemos. Es normal que ellos sueltan a sus mascotas y después se encierran en un círculo a hablar mientras los perros hacen las cosas que a ellos les competen.

Yo prefiero alejarme de todos, estar orbitando lejos de Gaucho, juego con él a veces con palos, lo llamo y me escondo detrás de los árboles, otras veces jugamos con la pelota, intento que seamos familia, quiero que él sepa que la vida es un juego y quiero jugarla con él. Quizá suena mal lo que expongo, pero mientras muchos se preocupan que el perro no coma barro porque le da diarrea, no se tire al piso porque lo acaban de bañar, o no se meta a la pileta porque después queda mojado y se puede resfriar, yo lo dejo hacer todo eso, que juegue y sea feliz, yo juego con él y lo único que le pido a cambio es que siga mis comandos y que no moleste a nadie.

Primeros paseos de Gaucho.

¿Frustraciones? Cuando muerde cosas. Mascó varias cosas: El control remoto de la tele, unos parlantes portátiles resistentes a los golpes, todas las sillas de madera del comedor, unas toallas, unas zapatillas de ciclismo, un poco de ropa interior, un detergente líquido de alfombras que no se lo tragó pero sí hinchó el piso flotante al romper la botella y hoy mismo me rompió una bolsa de hidratación para correr… Rompió severamente su propia cama en menos de un día, me hizo botar una silla del comedor que para mi fortuna estaba ya per sé candidata para la basura, muchas bolsas de basura que encontró a mano, rompió varios pañales que le compré mientras aprendía a controlar sus necesidades.

Todo lo anterior lo compensé con varios juguetes para perros, pero especialmente le gustan las botellas de néctar y las isotónicas, que son de un plástico más resistente. Bajo a mi edificio y me meto en el basurero de botellas plásticas, después, lavo las elegidas y con eso le tengo juguete por semanas para morder y perseguir cuando está en el departamento.

Hoy mi departamento está desmantelado, hay un par de sillas de metal, ni una alfombra en sus zonas y todos los objetos están por sobre la altura de lo que él puede alcanzar. Es algo un poco raro para mi, pero entiendo que así será hasta que pare su apetito por morder las cosas que es cuando los dientes de leche se han ido para dejar espacio a los definitivos.

Hoy Gaucho y yo llevamos más de 2 meses de convivencia. Creo que lo pasa bastante bien. Nos llevamos increíble. La gente lo adora por su aspecto de cachorro y eso hace las cosas muy fáciles para mi. Algunos dog lovers me dejan incluso llevarlos en sus autos cuando me toca alguna carrera y debo pedir que nos carguen. Pero no es fácil.

Hace poco me tocó ir al sur por un semana y me vi forzado a alejarme de él. Fue muy dura la despedida y el reencuentro fue emotivo.

Al Gaucho lo veo como un niño; lo dejo mojarse, comer barro, ensuciarse y que haga todo lo que quiera pero siempre sin molestar a nadie, con lo justo de disciplina.

Creo que hoy mi principal complicación es el transporte. Nunca tuve mayor intención de tener un auto, pero ahora que Gaucho cada día se acerca a edades que podrá salir conmigo, me doy cuenta que no será fácil conseguir traslado para un mono peludo que prácticamente no pelecha, pero por cultura popular por la alimentación por pellet, nadie cree que exista un perro que no lo haga.

Mis rutinas deportivas se han visto algo afectadas. Ya no puedo irme 10 horas al cerro para volver a casa cansado sin ganas de nada. A cambio ahora me voy 4 o 5 horas, llego cansado pero tengo energías para salir con él al parque o para jugar con la pelota que tanto le gusta.

En las mañanas me levanto a las 4:40 AM salgo a subir el cerro Carbón, acumulo entre 14 a 21 K y me vuelvo para irme derecho al parque con él unos 40 minutos. De regreso a mi departamento por un segundo desayuno, una ducha y correr al trabajo. Debo decir que lo hago todo con mucho agradecimiento. Es que verlo contento a él me hace feliz a mi, y por suerte, levantarnos temprano a ambos nos viene de lo mejor.

Los bancos, como si supieran lo que planeas, me ofrecieron un crédito de consumo y con ese monto y endeudado por algunos años me abren la ventana para comprarme lo que es mi sueño lejano, como lo fue tener un perro Border Collie llamado Gaucho algunos años atrás, hoy es comprarme una van y convertirla en una van camper.

Hoy comprendo que con esto cerraré el sueño finalmente. Gaucho, una van con cocina, cama, rack de ciclismo y de tablas de esquí y ambos embutidos en el corazón de los andes por días sin necesidad de volver a casa por provisiones.

Ya la tengo diseñada y me he dado un plazo de 3 meses para hacer cotizaciones y estudios de lo que me puedo pagar y armar.

Gaucho… Le puse Gaucho a Gaucho, porque es un personaje mundial. El Gaucho real viene de algunos países pero por mi crianza, destaca Argentina. Cuando niño viajando por localidades pequeñas y en Tierra del Fuego, pude ver los vestigios del Gaucho original; hombres solitarios y errantes, sin casa fija y que hacían trabajos de campo a cambio de cama donde dormir. Los gauchos para mi son lo más duro que vio la patagonia. Hombres solitarios, callados y humildes, de manos gruesas y torsos potentes, caderas anchas y de infatigable voluntad a que las cosas sucedieran. Eran titanes de la patagonia. Yo mismo los vi haciendo pan, carneando ovejas, afilando cuchillos y bebiendo vino como condenados. Los gauchos siempre para mi fueron la estirpe humana más fuerte que pude imaginar. Todo lo sabían hacer y todo muy bien. Como jinetes eran maravillosos artistas y entendían la naturaleza como animales fundidos en las raíces del corazón de la tierra. En chile a los gauchos le llaman gauchos, pero originalmente eran los “baqueanos”. Con los últimos conviví más. Cuando íbamos de pesca a algún lado llevamos varios litros de vino para regalo. Ahí en las pampas, en los campos donde no hay hombres en el invierno, ahí solo en una carroza que es una habitación que tiene cama y cocina, ahí mismo había un baqueano. Uno que no había hablado con un hombre hace más de tres meses, una cosa para él totalmente normal. A su vez, su piel curtida por el sol implacable, el viento perverso los hacían hombres de temple elevado, pero de una humildad y dulzura mayúscula. Muchas veces nos dieron del pan que ellos mismo se preparaban, del cordero que ellos mismo se cocinaban y muchas veces los vimos perdidamente borrachos cuando tenían trago a su alcance.

Mi padre años atrás me contaba del cómo estas personas se dedicaban a la caza de bovinos salvajes: Las hembras preñadas parían en campos muy inaccesibles y ahí entraban los campesinos al campo a capturar para la venta de su carne a estas bestias que nunca vieron humanos antes. La caza cobraba los escenarios más dantescos cuando se trataba de los toros. La cacería apoyada por supuesto por los caballos y los perros llegaba hasta el momento de cansar a los bovinos. Acorralados, los perros se les tiraban encima mientras los perros eran rasgados con las entrañas colgando por los cuernos del animal desesperado, y el jinete por su parte, debía tener una expertis mayor sobre la montura del equino, porque un toro podría atacar al animal para botar al hombre y finalmente matarlo a él. No era una posibilidad salir a cazar estas bestias si no eras un tipo preparado, un baqueano o un gaucho.

Y es así como la historia se ha desarrollado. Hoy unos amigos me preguntaban si Gaucho yo lo quería como a un hijo. Rotundamente dije que no, que el Gaucho yo somo una jauría, donde no soy su padre, sino más bien soy su mejor amigo, y él es mi mejor amigo. Nos apoyamos mutuamente y nos dedicaremos a colectar momentos, montañas, senderos, cumbres, atardeceres, amaneceres… Amaneceres.

Gaucho. Mi compañero… Quiero creer que un perro quiere ver el mundo, quiere un territorio donde desenvolverse y ser rey de aventuras. Cazar para alimentarse y surcar tierras en busca de la vida misma. Vivir el momento a pleno y con la alegría de la lengua agitándose mientras el cuerpo se bate en saltos tras la recompensa del esfuerzo. Siento que el espíritu de un perro es ese y espero que mi amigo tenga saciada esa sed de árboles, polvo, pastizales y ríos y mantos nubosos. Que la vida sea tan intensa que el sueño sea profundo e ininterrumpido. Que Gaucho sea pleno en cada cosa que haga. Que sea salvaje, curtido, ágil y alegre, pero noble y serio. Todo ser vivo se merece eso y mi compañero más que ninguno.

Como dice Martín Fierro:

En el peligro, ¡Qué Cristos!, el corazón se me enancha, pues toda la tierra es cancha, y de esto naide se asombre: el que se tiene por hombre ande quiera hace pata ancha.

El perro. Mi amigo. Gaucho. Ese que duerme profundamente mientras los rayos del atardecer pegan en las paredes y sobre su lomo mientras termino este texto, ese individuo es mi mejor amigo, y espero que eso lo sepa por medio de que todo lo que hago, es para hacerlo feliz a él.



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