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¿Por qué corremos?

En la era paleolítica, el hombre tenía que cazar un antílope hasta agotarse, solo para obtener una comida decente. En la actualidad, correr no es necesario, sino una opción. Sin embargo, ¿Por qué corremos? El exitoso escritor Christopher McDougall, además de un grupo de aficionados comentan al respecto.

Por Christopher McDougall.

Ayuda a Liberarse

“Bueno, debido a su déficit atencional”, según me decía el Dr. John Ratey. “De seguro lo tiene”.

“Momento” – le dije -. “No tengo déficit atencional con hiperactividad”.

Por instantes, nos quedamos mirando y consideramos nuestras posiciones. Nos encontrábamos tras bastidores en la Universidad de Harvard, a punto de participar en un panel de discusión sobre el potencial natural del ser humano. Ratey es psiquíatra de Harvard y autor de Spark, el revolucionario libro sobre el alboroto creativo en el cerebro, y yo era el muchacho agitado cuyo recuerdo más vívido de la secundaria era el de que se mandaba a esperar en los pasillos en forma tan usual que podría haber cruzado la calle, comprar un hotdog en una tienda sin que alguien lo hubiese notado.

“No trato de hacerle un diagnóstico, por supuesto”, dijo Ratey, que en todo caso no tenía para qué hacerlo. Las cosas empezaron a tomar forma.

Los primero nueve meses en los que estaba trabajando sobre Born to Run (Nacidos para Correr) los pasésentado para empezar a escribir a la 5:30, todas las mañanas y permanecía en el mismo lugar – hasta el anochecer -, sin hacer algo productivo. Finalmente, cambié mi rutina: comencé a hacer cosas “estúpidas”, realizando trayectos, cortando leña y haciendo cualquier favor extraño a mis vecinos. El único compromiso serio en mi calendario semanal era el de un trote los martes en la mañana con mi esposa por Conestoga Trail en Pensilvania. Pero cada noche, después de cenar – tras haber estado activo todo el día – me sentaba y lograba lo que quería. Funcionaba todas las noches, me sentía cómodo y podía escribir de manera fluida.

Me seguía elogiando por este arranque de genialidad autoimpuesta, hasta que me di cuenta de que no era completamente de mi parte. Mi papá había sido echado de la casa de mis abuelos en su adolescencia y dejó las calles de la parte oeste de Filadelfia para estudiar gracias al beneficio GI Bill – después de servir en los infantes de la marina durante la Guerra de Corea. Cuando tuvo sus tres hijos y un trabajo de instalador telefónico, decidió entrar a estudiar derecho durante las noches, repasando sus apuntes de pie para mantenerse despierto. Después de aprobar el examen de abogacía y tener que usar una corbata para ir a trabajar por primera vez en su vida, comenzó a ponerse un par de zapatillas Chuck Taylor negras cada mañana antes del amanecer para salir a trotar por la cuadra durante media hora. Esas salidas comenzaron a ser más largas aún, hasta que en cada otoño participaba en al menos dos maratones: la del Cuerpo de Infantería de Marina, más la de Filadelfia, Nueva York o ambas. Inventó un método de entrenamiento tan duro que hasta hoy no lo he logrado hacer en forma exitosa: al comienzo de cada primavera, igualaba su trayecto diario en el mes y lo hacía el doble los domingos. Un poco más de seis kilómetros diarios en abril, el doble los domingos, ocho kilómetros diarios en mayo, el doble los domingos, para octubre ya hacía 128 kilómetros semanales, 48 de ellos los fines de semana. No existían los días de descanso.

Siempre lo vi como un maestro en disciplina, hasta que comencé a seguir sus pasos y me di cuenta de que era todo lo contrario. Aquellos eran sus momentos en los que se abría y se tornaba salvaje. Pon a cualquier animal en un zoológico y es muy probable que desarrolle problemas de ira, desorden alimenticio, disfunción sexual y problemas circulatorios. En otras palabras, nos transforma. Hemos creado nuestras propias jaulas y estamos pagando el mismo precio. A menos que, como me lo demostró mi papá, aprendamos a salir por la puerta y correr libremente. —Christopher McDougall

Es Mejor que Estar en un Taco Vehicular

Hace seis años, Gareth Williams comenzó a caminar hacia su trabajo para perder peso. Ahora se traslada corriendo 16 kilómetros ida y vuelta todos los días hacia el Lawrence Berkeley National Laboratory, en California, donde trabaja como biólogo estructural. Según Williams, “ayuda a la circulación de sangre hacia el cerebro”. -Hace poco, convenció a su pareja, Anna Liao, quien corre a su trabajo como asociada en ingeniería científica en el laboratorio algunos días por semana. Liao no es de esperar ansiosamente el retorno a casa, pero según cuenta, “una vez que comienzo a correr, me siento genial. Sirve para sacarse el estrés”. Según Williams, “si quieres trasladarte corriendo, primeramente realiza un reconocimiento de las instalaciones en el lugar de trabajo – los desodorantes ayudan, pero no reemplazan a una ducha. Si se puede, toma el transporte público en las mañanas, y luego regresa a casa corriendo, donde te espera una buena ducha” “Todo parte de allí”—CHRISTOPHER SOLOMON

Va Bien con la Cerveza

La cerveza y correr quizás no sean almas gemelas. La Beer Mile es realizada por cualquiera desde estudiantes universitarios hasta miembros de equipos olímpicos (el actual récord mundial es de 4:57, con Budweiser). Existen casi 2.000 divisiones de Hash House Harriers en el mundo (slogan: “Un club para bebedores con problemas al correr”). Numerosas agrupaciones locales, como Run Wild Missoula, que se reúnen frecuentemente para recorrer unos cuantos kilómetros con paradas en cervecerías en todo el trayecto. Quizás todos creemos que es para hidratarse (falso).

El año pasado en Longmont, Colorado, un pequeño grupo de amigos abrió Shoes and Brews, una tienda de calzados deportivos que incluye un bar para servirse una cerveza – o viceversa, según las prioridades de cada uno. Pruébese un par de Hokas y luego una pinta de Dry Dock Porter de Frambuesa de alguno de los 20 grifos cerveceros del bar. Ashlee Velez, co-propietaria del lugar, afirma que “tanto la cerveza como correr son experiencias sociales. Juntas andan muy bien”. El mantenerse activo hace que uno comience a tener sed. Luego concluye: “No hay que sentirse culpable por la cerveza; es un círculo”.—C.S.

Es Simple

Primer paso: Correr.

Segundo paso: Repetir cuanto quiera.—C.S.

Es la Única Manera para que se Canse el Perro

“Nada de correr”. Es una de mis reglas de oro, junto con “guíate por los caminos de tierra en lo posible” y “nunca tiene suficiente kétchup”. Pero últimamente no la he cumplido desde que tengo una mascota. En sus primeros meses, la energía de Bertie se agotaba rápidamente por cualquier actividad – una corrida por el patio, cuando hacia sus necesidades por un largo rato. Pero al cumplir seis meses, sus piernas eran el doble en tamaño, sus costillas parecían un barril y comenzó a ponerse violenta como un aspirante a terrorista.

Así que una mañana, mientras me despertaba por el sonido de una cortina que tiraba Bertie en la ventana de mi dormitorio, me levanté, me puse las zapatillas de correr de mi esposa (yo no tengo) y junto a la perrita fuimos al parque. Comencé a toser y jadear. Algo chirriaba en mis rodillas, como la leña húmeda en el fuego. Pero Bertie saltaba como una loca frente a mí, tan feliz porque estábamos haciendo otra cosa que no era ver películas en el sillón, por lo que sus grandes ojos que parecían caramelos eran como fuegos artificiales. Eso fue hace tres meses, y hemos tratado de mantener la rutina. Sólo hacemos un poco más de un kilómetros hacia el parque y luego de vuelta. Pero debo admitir que a veces sorprendo a Bertie que mira la correa que está junto a la puerta, levanto la mirada hacia ella, pensando “¿qué dices?”. —Jonah Ogles

Da Buena Reputación (Ojalá)

A una semana de estar trabajando en Outside, se me invitó a participar su tradicional corrida a la hora de almuerzo. Con la esperanza de integrarme a mis colegas, acepté. Entonces pude comprender que toda la actividad en cuanto a correr que había hecho hasta ese momento era simplemente trote. Cubrimos casi cinco kilómetros de caminos empinados y rocosos bajo un sol desértico abrasador. Mis dedos ardían. Caminé por las partes más complicadas; literalmente me salía espuma por la boca. Mis colegas, a modo de consuelo, le echaban la culpa a la altitud de Santa Fe cuando los pude finalmente alcanzar. No puedo decir que me encantó correr para entonces, pero no quería ser excluido. Además, mi jefe es un adicto a correr (véase “Es saludable y Puedo Parar Cuando Quiera”, página 60.) Por lo tanto, al igual que un desvergonzado abogado primerizo que comienza a dar hachazos al campo de golf para poder integrarse a la firma, empecé a salir a correr por mi cuenta después del trabajo para ponerme en forma adecuada. Era lento, pero al final podía unirme a ellos a la hora de almuerzo sin sentir vergüenza personal. Y para entonces comencé a disfrutarlo. Si bien no soy Mo Farah— ahora hago un poco más de 32 kilómetros por semana para prepararme para mi primera carrera de verdad, recorrer una media maratón—las corridas a la hora de almuerzo que solían ser desalentadoras, ahora son algo fácil que hacer. Y si tengo una gran idea para los superiores, se las lanzo durante el trayecto.—CHRIS COHEN

Es la Principal Sustancia que Mejora el Rendimiento

El correr disminuye el riesgo de mortalidad por Alzheimer. Aumenta las células del cerebro en la región que se relaciona con los recuerdos. Desacelera el deterioro mental en la vejez. Produce una enzima en los músculos que elimina una molécula vinculada a la depresión. Evita la pérdida de densidad en los huesos. Se asocia con una reducción de riesgo de muerte por cualquier causa y disminuye las chances de morir por enfermedades cardiovasculares en un 45 por ciento. Mejora la salud de las rodillas (en serio, búsquelo). Se asocia a un menor riesgo de padecer cáncer de cualquier tipo. Retrasa el envejecimiento, reduciendo alguna discapacidad posterior. En resumen, correr te mantiene vivo por unos cinco años adicionales. —C.S.

Es el Medio Artístico Más Reciente en el Mundo

Ahora que los dispositivos para entrenamiento físico como Strava, -Garmin, y Nike+ muestran la ruta realizada en un mapa digital, algunos ciclistas y corredores han empezado a utilizar las calles de la ciudad para delinear desde propuestas de matrimonio hasta solicitudes para trabajar. Quizás la artista más prolífica de este tipo es Claire Wyckoff. “No comenzó como un emprendimiento ligado a correr, sino como uno creativo” asegura la artista, que se dedica a la redacción publicitaria. Un día del 2014, corrió por el parque Golden Gate Park en San Francisco y sus barrios de alrededor, hasta delinear un corgi. Desde entonces, la nacida en Portland, Oregon, ha hecho más de 20 dibujos a partir de las calles, incluyendo los alienígenas del popular juego de Atari Space Invaders, una menonita, un dedo medio y una jaula de pájaro en honor a Robin Williams.

Pero su inspiración más ilógica es el pene. Dibujó uno digno de casillero. A Wyckoff le gusta lo absurdo. “Correr y trazar un dibujo de Ricitos de Oro no llamaría tanto la atención”, manifiesta. Además, ha surgido un beneficio inesperado. “Al registrar un dibujo, estoy más involucrada en el proceso de correr para hacerlo”, asegura. “Haría ocho kilómetros adicionales si eso requiere terminar un dibujo. Es por amor al arte. No podría dibujar la mitad de un pene. Lo voy a dibujar por completo”.—C.S.

Podría Salvar tu Vida

Haga una encuesta a algún grupo de corredores de fondo de cualquier parte y al menos uno contestará que comenzó a correr no por pasatiempo, sino como remedio autoimpuesto. Como ejemplos tenemos al ultracorredor Rob Krar que con esto controla su depresión, su compañero de equipo Timmy Olson que reemplaza así su adicción a la cocaína, además de muchos otros que sin tener patrocinio ni fama por ser competidores veloces aún ven esta actividad como una salvación.

El correr lo encontré en el lento proceso de salir de una década de desorden alimenticio que me había alejado de todos a quienes quería y dejó un caparazón esquelético en la vibrante y encantadora persona que solía ser. Durante años no era capaz de conciliar el deseo de ser fuerte con el miedo de que cada caloría adicional que entraba en mi cuerpo me debilitaría de alguna manera. La forma en que lo veía, siendo delgado, me hacía un excelente bailarín y un hábil atleta, y nada podría persuadirme a lo contrario. Me aterrorizaba la comida. Para el comienzo de mi segundo año de estudios en la universidad, estaba pesando 39 kilos.

Finalmente, dos motivos fueron los que me impulsaron a tratar de sentirme mejor: el departamento de salud universitaria amenazó con expulsarme, a menos que subiera algo de peso, y la recién descubierta obsesión de mi papá con las ultramaratones. Era cautivante verlo ir a hacer largas corridas en las montañas de Montana los domingos por la mañana con unos cuantos amigos. Cuando me prometí ganar peso, no fue para que pudiera sobrevivir entrando a mis veinte años. Era por si aprendía a correr.

El regresar de la inanición es un camino frustrante. Cuando empecé a comer nuevamente, mis niveles de energía eran repentinamente inagotables. Pero me prometí que no me ejercitaría hasta subir al menos un poco más de 4 kilos, lo que logré justo antes de las vacaciones de verano. Con la autorización de mi nutricionista, me compré un par de zapatillas verde limón y salí a correr en mi primer día en casa. Si bien no iba hacia un lugar alejado en particular ni rápido, la sensación de libertad era todo lo que imaginaba que iba a ser. Corrí todos los días de ese verano y durante el otoño que vino. Dos años más tarde, me inscribí para mi primera carrera y gané. Mis padres, que alguna vez temían cuando corría para perder peso, esta vez han cambiado de parecer.

Pueden decir que simplemente he reemplazado una obsesión con otra, lo que en cierta forma puede ser así. Pero dadas las alternativas, prefiero someterme a más de 100 kilómetros por semana y disfrutar cada momento de aquello que consumirme hasta más no poder. Reemplazo algo doloroso por algo hermoso. —Meaghen Brown

Es Saludable y Puedo Parar Cuando Quiera.

En una semana perfecta, me siento genial de lunes a domingo. En una semana decente me siento de buen ánimo en cinco de esos días. ¿Menos que eso? Es mejor que ni estén cerca de mí. – Después de 48 horas sin mi dosis normal, como ahora, irradio lo que una ex-pareja describió como “un aura de lodo negro”. Mi actitud positiva tras sentirme genial se ve reemplazada paulatinamente por la ansiedad, los pensamientos confusos y una negatividad total, y a medida que más pasa el tiempo tras cada sensación de éxtasis, más se consumen mis pensamientos por llegar a sentir lo mismo. Frecuentemente, mi único deseo al despertar es el de tomar mi dosis, ignorando a mi familia hasta llegar a ese estado de alteración, si es que debo. No me puedo controlar, siento esa necesidad de abrocharme las zapatillas, escapar por la puerta y correr.

Si el origen de mi éxtasis fuera la nicotina, el alcohol o los snacks de queso, se me calificaría de adicto. Pero se trata de correr, lo que obviamente es saludable, por lo que pienso que es bueno, creo. Quizás estoy loco, pero comienzo a hacerme la pregunta. -Después de todo, los ingredientes de este lodo negro incluyen los signos comunes de abstinencia a las drogas, lo que podría llevar a alguien a creer que mi hábito es en realidad una dependencia. Mientras tanto, la biblia de los psiquíatras profesionales, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, fue actualizada el 2013 para incluir el apostar en su lista de conductas adictivas—siendo la primera vez que una actividad se ha archivado junto con el abuso de sustancias en dicha categoría. Puedo ver hasta dónde se va. Las adicciones al sexo e internet ya están en la mira. Es sólo cosa de tiempo que correr se considere una condición subversiva. Esto se debe cortar, pero me pregunto ¿por qué me siento tan solo?

[Sale a correr unos 35 minutos.]            

Se ruega ignorar lo escrito anteriormente. Lo que trataba de decir es que el mundo es absolutamente fantástico. Lo mismo que correr. Te quiero, amigo. —Christopher Keyes

EN EL CAMINO

DIEZ CONSEJOS PARA EL CORREDOR VAGABUNDO —C.S.

SI VIAJA PARA VACACIONAR:

>Tenga un plan general. Escoja las atracciones que quiere ver y esboce en su mente la forma de conectarlas.

>Tómese el tiempo. Correr por una ciudad extraña toma mucho más tiempo del que se piensa.

>Lleve un mapa. Además de un celular.

>Esté preparado. Coloque algo de dinero en un lugar seco para pagar un taxi o comprar agua. Apréndase el nombre, dirección y teléfono de su hotel.

>Haga un alto. Si ve algo para refrescarse, deténgase y empápese con eso.

SI VIAJA PARA UNA COMPETENCIA:

>Prepárese para el jet lag. ¿Va a competir en una zona horaria lejana? Llegue al menos con 48 horas de antelación al evento.

>Tenga a mano sus zapatillas de competencia. En caso de perder el equipaje, cualquier cosa se puede reemplazar con poca antelación, pero no querrá correr una maratón usando zapatillas nuevas.

>Pruebe algún plato exótico después de la carrera. Si tiene preferencias poco comunes en cuanto a comida antes de una carrera, llévela desde su casa.

>No confíe en los marcadores de millas. Conozca sus tiempos parciales en kilómetros cuando compita fuera de los Estados Unidos.

>Comience al inicio. Cuando se corra de un punto a otro, busque un hotel cercano al punto de inicio en vez del final. Siempre se tiene más tiempo después de la carrera.



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