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Work Exchange: una vida con decisión propia

«Piérdete en el mundo y encuéntrate contigo mismo». 

Por Claudia Benavídez.

Con la mochila aguantando todas mis cosas, observé desde abajo la cuesta arriba que me esperaba. Había llegado a Valparaíso y un camino serpenteante, de intensidad y ritmo cambiante, me hizo ser consciente del tremendo y eterno trekking urbano que iba a ser vivir acá. Era un día de domingo de mediados de noviembre y debía encontrar la hostal donde haría mi primer work exchange, en Cerro Alegre. 

El cambio iba a ser grande. ¿Lograría dormir bien en una habitación con más personas? ¿Iba a ser cómodo hablar con tanta gente todo el tiempo? 

Vine por un mes pero ya han pasado 3 meses y medio y todavía sigo acá. Jamás tuve problemas para conciliar el sueño, todo lo contrario, y ahora me cuesta imaginar una vida tan enriquecedora que no sea en comunidad. «Que bom dia, família, obrigado por compartilhar tanto com você», repetían a diario unos compañeros brasileños que de pronto y sin más, eligieron tomar nuevos rumbos, como tantos otros. Todo es tan rotativo y relativo aquí. 

En tan poco tiempo han pasado tantas personas por este lugar, que se siente un poco de nostalgia cada vez que alguien parte. Pero el sentimiento no alcanza a durar demasiado porque, como se van, también llegan, y entonces comienzas a conocer a otras personas de nuevo, lo que se convierte en una aventura constante.  

Y la moraleja es, que realmente no debemos guardar apego por nadie ni nada, pues todo, la vida misma, es siempre movimiento y nada se queda por mucho tiempo. 

En 3 días, yo también me voy.

¿Qué es el work exchange?

Simplemente se trata de elegir de forma libre el intercambio de una pequeña parte de tu tiempo por un sitio donde quedarte. Aquí, no hay dinero de por medio. 

En otras palabras, se pone en práctica el trueque y se olvidan los otros sistemas económicos tradicionales. 

Con el work exchange entiendes que hay un mundo de convenientes canjes que puedes negociar sin límites y sin gastar ni un solo peso. Y lo mejor es que, para todos los involucrados, esto es recíproco.  

Puedes encontrar work exchanges en todo el mundo, y van desde cuidar una granja, ser recepcionista en una hostal (como fue en mi caso), o hasta plantar árboles en el Amazonas por medio de una ONG. Y funciona así: dedicas un promedio de 26 horas semanales en alguna tarea, y a cambio, recibes alojo y una o más comidas a diario. El resto del tiempo, que es bastante, lo puedes dedicar a conocer y recorrer el lugar donde te encuentras, o si es necesario, a emprender pequeños negocios, tal como lo hacía un buen amigo trotamundos que ganaba a alrededor de 50 mil pesos chilenos a la semana, solo vendiendo unos alfajores que él mismo hacía. 

Sin presión. Aquí la vida se torna simple y es absolutamente inexistente la preocupación de contar con dinero para pagar lo básico: techo y comida, a lo que se agrega una graciosa, variada y permanente compañía.  

Ser voluntario es serlo todo el tiempo y no solo durante los turnos de trabajo que vas a tener. Es también tener la profunda iniciativa de obsequiar fracciones de tiempo para salir a buscar papas por montón, picar verduras y cocinar a lo grande para ti y todos tus compañeros. Es cubrir indudablemente las horas de turno cuando el compañero lo necesita, es darse el tiempo para desayunar, almorzar y cenar mirándonos a la cara, es salir todos juntos a la playa o a donde sea y también es resolver cualquier problema con un inmenso cariño y respeto de por medio porque la variedad es mucha. Todos tienen sus pasatiempos y sus historias.

Una manera práctica y rápida para conseguir cupo en el work exchange de tu agrado, es contactar los sitios de interés por medio de los numerosos grupos de Facebook que reúnen a viajeros de todo el mundo bajo el lema del intercambio. Si te gusta enseñar, pintar, sembrar, cocinar, fotografiar, el yoga o lo que sea, habrá un lugar para ti. Además, siempre puedes truequear tus habilidades de forma creativa, dependiendo del sitio al que vayas. 

Y no está demás contarte que muchos sitios están dispuestos a recibirte por un par de semanas o incluso menos, lo que puede transformarse en una gran estrategia para viajar deliberadamente y a bajo costo, sin tener que pagar nunca más por alojo ni comida. 

¿Qué se aprende?

Acá aprendí que hay mil formas de preparar arroz, por ejemplo, y que este alimento tan básico, en todos los países se cocina distinto. El intercambio cultural es otro de los puntos que destacan cuando se sigue este estilo de vida y uno de los temas principales a la hora de conversar. Modismos como joya de Argentina (que en chileno vendría siendo «bacán»), tá ligado de Brasil (que aquí sería «cachai»), una maricada en Colombia (para referirse a una estupidez o a una pérdida de tiempo); o palabras como chambiones para decir zapatillas en uruguayo, cinto para pedir el cinturón en argentino, o colega para llamar al amigo en español, son un foco de risas muchas veces, sobre todo cuando comienzas a imitar y a mimetizarte con el otro.

Así también, te darás cuenta de que no es necesario ir tan lejos para conocer el mundo entero y que incluso, puedes aprender rápidamente una variedad de idiomas si te lo propones. Las conversaciones cotidianas serán la mejor práctica en un work exchange y lo mejor de todo es que se dan de manera natural, entre relatos que muchas veces, de principio no se entienden y que entonces, terminan causando más gracia de lo que se esperaba. 

Una consecuencia de la cotidianidad anterior es que la vida tiende a desarrollarse cien por ciento en modo presente, muchas cosas pueden pasar en un solo día y no hay tiempo de pensar demasiado en el pasado ni en el futuro. Eso hace que no haya una noción permanente del tiempo y nunca falta el que pregunta, «¿qué día es hoy?», recibiendo como respuesta un rotundo «no sé, ¿viernes?, ¿domingo?».  

Y qué decir sobre la música y los bailes. Aprendes a diferenciar solistas y grupos característicos de los distintos países, aprendes a reconocer estilos, mezclas, sabores y notas diversas, y también palabras. Aprendes a soltar y a dejar que el ritmo te tome y no al revés. 

En conclusión, te das cuenta de lo simple que es la vida, que siempre puedes usar ropa usada y gratis, que no se necesita mucho, que los mejores momentos se comparten con una comida, que es delicioso reír sin límite, que es importante preguntarle al otro cómo se siente hoy, que hay instancias de sobra para estar agradeciendo todo el día, que el desapego es fundamental para ser felices y que es posible abrir hábilmente la mente, el corazón y el espíritu para dar y recibir todo lo que necesitamos. Y no hace falta el dinero.

Como muchos lo han hecho, en un par de días me voy. Y esta ha sido una de las experiencias más nuevas y ricas que he escogido vivir. Hoy soy otra persona. enriquecida y reforzada con todas las demás personas que conocí. Todavía no puedo asimilar haber conocido tanto mundo a través de ellos, compañeros que ahora iré visitar o con los que seguiré viajando sin rumbo, como la vida misma.



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