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Cada segundo cuenta

Lucas Gaona siempre estuvo colgado de diferentes estructuras. Tan natural es escalar para él, que las competencias pasan a segundo plano. Porque lo realmente importante es disfrutar de cada segundo arriba, aprender y llegar a descubrirse en ello.

Por Emmanuel Vallejos. Fotos por Cici Rivarola.

Para Lucas Gaona (29) el deporte es algo natural porque siempre ha sido parte de su vida.

Su papá es fanático del mountain bike desde que la disciplina llegó a Chile, su madre practicó voleibol y atletismo, su hermana surf, y su tío triatlón. Se trata de una familia completa ligada al deporte, hoy dueña del gimnasio Pablo Gaona. 

A Lucas siempre le llamaron la atención los planos verticales y desde muy chico, buscaba subirse a los árboles o peñascos que encontraba. También disfrutaba de las salidas al cerro que su padre organizaba en compañía de sus primos, pues así podía buscar nuevas estructuras a las cuales trepar.  

«Es común que a los niños chicos les llame mucho la atención la escalada y que se les dé de forma natural», dice él.

Luego, un cambio de colegio haría de la escalada algo importante en su vida. Con 10 años llegó a la escuela Altamira, y en el primer recreo, centró su atención en un pequeño muro de escalada que tenía el establecimiento. Más tarde, este niño, recién llegado a cuarto básico, terminaría colgando de aquella estructura.

«Fue un tema. Obviamente todos los profesores estaban escandalizados con este cabro chico que había terminado arriba del muro, porque “era peligroso”. Ese fue mi primer acercamiento, y fue “bajen al niño”, porque nadie se sabía mi nombre si era la primera vez que entraba a ese colegio», cuenta.

Así fue como se inscribió en el taller de escalada, que se realizaba dos veces por semana aunque, en realidad, se subía al muro cada vez que podía. Cada recreo lo llevó a la escalada. 

Su primera competencia sería tres meses después de eso, hace más de 18 años, en un muro ubicado en Escuela Militar. Su profesor lo llevó, junto a una comisión de más de 15 alumnos, donde alcanzaría el segundo lugar en la contienda.

Casi inmediatamente después de esta competencia, cuando descubrió lo mucho que le gustó, apareció —como por arte de magia— un gimnasio cerca de su casa, con muros de escalada y clases. Quiso comenzar a enfocarse y empezó a asistir a este lugar en busca de las herramientas para hacerlo. 

«Siempre fui el más chico en los gimnasios de escalada. Al menos en ese tiempo, todos los alumnos tenían de 18 años para arriba. Tuve la suerte de haberme encontrado con muy buenos profesores que me apoyaron mucho, y el gimnasio, que hoy en día cerró, era maravilloso», recuerda.

Sin embargo, según él, la real forma para consolidarse con la escalada es conociendo la roca. Por esta razón, intentaba salir y encontrarse con la naturaleza, paralelo a las horas que dedicaba a este y a otros gimnasios. 

Lucas en su hábitat junto  a su compañera de aventuras, Coco.

«La escalada en muro está muy ligada a la escalada en roca. Empecé a escalar en muro a los 10 años y la primera vez que fui a escalar en roca debió haber sido a los 14 años. Me llevó mi profesor del colegio y fuimos a Chacabuco. Ese fue mi primer intento. Siempre le digo a la gente que la escalada en muro es un deporte muy entretenido pero, cuando conoces la roca, es cuando de verdad conoces la escalada. Esa es la esencia de este deporte», comenta.

De ahí para adelante, la escalada en roca comenzó a formar parte de su vida y mientras competía, solía hacer una pausa para conocer otros sectores con distintas latitudes. Así, desde muy joven, conoció lugares de todo el mundo hasta que llegó su primera expedición. «El primer viaje que hice para escalar en roca fue a California, y debió ser cuando tenía 18 años como máximo», cuenta. 

Su primera competencia en el extranjero, un Panamericano en Ecuador en el cual fue representando a Chile en compañía de su padre, fue para él, una de las más importantes de su carrera.

«En ese momento estaba en la selección juvenil. Había entrado con 13 años y medio, y a partir de los 14, podía empezar a competir en los juveniles. Fue muy entretenido irse con todo un grupo, bien afiatado, todos bien amigos. En ese tiempo, en Ecuador, la escalada estaba muy desarrollada, entonces los muros eran otra cosa. En definitiva, estos viajes te abren un poco la mente y te hacen poner en perspectiva el nivel que tienes, la calidad que hay afuera y lo que tienes que mejorar», dice Lucas, quien terminaría segundo en ese campeonato.

Fue un buen resultado, aunque no marcó gran diferencia con otras competencias. Además, «hay una responsabilidad mayor porque te están financiando todo el viaje y hay expectativas, pero nunca sentí que me haya puesto la bandera para representar a Chile en un deporte tan chico y tan poco conocido hasta entonces», recuerda.

De esta manera, desde muy joven se vio enfrentado a competencias, principalmente de escalada en boulder, donde los participantes deben estar en una sala de espera mientras los otros intentan superar el  desafío que les propone el muro.

«Me cuesta mantener el foco sobre la competencia en sí, sobre el resultado, por ende me la tomo más a la ligera. Principalmente pienso en disfrutar el momento. Si estás escalando, estás haciendo lo que más te gusta, entonces, te la tomas con calma y sin guardarte nada», comenta. 

«La paciencia es la base del deporte. Es estar con el foco muy puesto en qué estás haciendo. No sacas nada con subirte y estar pensando en cualquier cosa, porque cuando cometas un error, no vas a saber a qué se debe ese error».

Las competencias llegaron como nuevos desafíos y con ellos, los nuevos aprendizajes. Así, lentamente fue tomando la decisión de profesionalizar su carrera y de dedicarse al entrenamiento de alto rendimiento en escalada. 

«Fue una cadena de consecuencias las que me llevaron a dedicarme a profesionalmente, y no me arrepiento en lo más mínimo. Es una forma de vida que me permite tener otros tiempos, otro estilo de vida. Esto también me ha entregado el poder ver crecer un deporte desde sus inicios, desde que eran muy pocas las personas que escalaban. Antes nos conocíamos todos en el medio, y ahora, son miles de personas las que escalan. Cuando quise entrar a estudiar Ciencias del Deporte supe que no solo me entretenía, sino que me apasionaba el tema del entrenamiento deportivo. No es solamente querer que una persona mejore deportivamente, es querer mostrarle la escalada y todo lo lindo que tiene esta», comenta Lucas. 

Si bien cree que hay cosas que mejorar en la carrera, piensa que recibió algunas herramientas para sacar mejor rendimiento a la escalada, lo que hoy aplica dentro de sus clases.

«Fui buscar una carrera que fuera afín con mis intereses pero no quería estudiar pedagogía, aunque ahora estoy haciendo clases en un colegio y es algo que me entretiene mucho. La energía de los jóvenes es muy especial porque te desgasta harto pero te impregna, y es muy enriquecedor. Solo quería algo que me ayudara a entrenar y seguir mejorando. Y Ciencias del Deporte era una carrera muy nueva, una carrera que estaba en pañales y que tenía mucho por mejorar, pero que me entregó un abanico de posibilidades y de experiencias para saber hacia dónde seguir ordenando mis estudios por mi cuenta», reflexiona.

Uno de los conocimientos que Lucas ha adquirido a lo largo del tiempo es lograr manejar la frustración, un factor fundamental en cualquier deporte. Y en el caso de la escalada, cuando llevas 15 intentos y no logras completarla, recordar el gusto por el deporte y descansar la mente, puede ser muy útil.

«La paciencia es la base del deporte. Es estar con el foco muy puesto en qué estás haciendo. No sacas nada con subirte y estar pensando en cualquier cosa, porque cuando cometas un error, no vas a saber a qué se debe ese error. Todo el rato tienes que estar haciendo un feedback de qué estás haciendo, de qué puedes hacer y cómo. Y cuando ya estés ofuscado pensando que ya probaste todo, tienes que pensar que siempre hay alguna manera», advierte Lucas.

«Se deben tomar cartas en el asunto para potenciar estos deportes y para facilitar los accesos a los lugares de escalada. Como el caso de Los Silos, que es un lugar al aire libre, abierto a la comunidad las 24 horas».

Por otra parte, para este deportista que lleva bastante tiempo subiendo muros, es importante destacar que la escalada  en Chile ya no es la misma:

«Hace más de siete años, la escalada tuvo un boom bien potente. Me di cuenta una vez que fui a Las Chilcas con Soho Langbehn y no había nadie que conociera. Siempre me topaba con alguien conocido. Ahí me di cuenta de lo masificado que estaba el deporte», cuenta Lucas.

Uno de los factores que ha acompañado a este crecimiento ha sido el Master de Boulder. Este evento, que originalmente se hacía en Pucón y que congregaba a no más de 300 personas, hoy es una fiesta en Santiago, donde llegan más de 5.000 asistentes e invitados internacionales.

«No es una fecha que se tome a la ligera. Es un campeonato de renombre internacional. He estado afuera y me han dicho que es muy connotado», dice Lucas, quien se alegra por el crecimiento de este evento, aunque que cree que podría mejorar incluyendo un campeonato infantil para así potenciar este deporte en los más jóvenes. 

Por esta razón, también da clases y talleres de escalada en gimnasios y colegios, donde el público principal es la gente joven. «Es bien especial. Muchos de mis alumnos no son de foco competitivo, sino más de roca. Como los conoces de antemano ya sabes cuando están nerviosos, cansados, cuando van a cometer un error, entonces son nervios con los que no tienes nada que hacer, y eso lo hace entrete», piensa.

Por último, cabe destacar que durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, la escalada tendrá su espacio. Para Lucas, esto significa una expectativa y un impulso extra para este deporte:

«Así se destinan más recursos, hay un foco más grande y se toman planes de acción por parte de ADO Chile, aunque en el fondo, solo aparecen más muros municipales pero siguen teniendo temas internos con este deporte», comenta el escalador. 

Y continúa: «las cosas aquí se manejan a la chilena, al mes a mes, al vamos viendo qué sale. Que no están las platas, que nunca sabes a quién van a llevar y a quién no, etc. En ese sentido se pierde mucho la seriedad y es súper sacrificado para los cabros que todavía están muy motivados con el tema competitivo, poder ponerse a entrenar seriamente y poder representar lo mejor posible en estas instancias olímpicas».

Pero lo principal según él, es que los jóvenes competidores no se centren solo en los boulders o gimnasios, sino que aprendan en roca y que conozcan las distintas formas que tiene la escalada. Así, plantea, se evita conseguir a un deportista para determinada competencia, y en cambio, se consigue a uno que quiera dedicar su vida al deporte.

«De todas maneras, tienen que haber más lugares. Se deben tomar cartas en el asunto para potenciar estos deportes y para facilitar los accesos a los lugares de escalada. Como el caso de Los Silos, que es un lugar al aire libre, abierto a la comunidad las 24 horas. Esto ayuda y es capaz de transformar la vida de personas que no tienen la posibilidad de pagar para escalar», explica.

Pero Lucas ha tenido la posibilidad de dedicar su vida a la escalada y de disfrutar de este deporte en sus distintas aristas, y su prioridad ha sido no concentrarse en los logros ni en los campeonatos, sino en los aprendizajes y en los resultados personales.

En definitiva, este deportista vive la escalada relajado, la desafía y se descubre en ella. Porque, «el que se apura en la escalada, pierde el tiempo», cierra.



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