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Bodyboard estilo kamikaze

Dos veces Campeona Nacional de bodyboard y número 16 del mundo, esta deportista nos habla sobre sus inicios arriba de la ola y cómo ha sido dedicarse a esta disciplina que cada vez suma más adeptas. 

Por Emmanuel Vallejos.

Danicelly Vallejos (28) nació en el pueblo de Huasco Bajo, ubicado en la provincia de Huasco, en la Región de Atacama. Su niñez estuvo alejada del mar, de hecho, lo suyo era el desierto y jamás se perdía la oportunidad de visitarlo cuando las flores estaban en su máximo esplendor. 

Visitaba los cerros con frecuencia, pero no por eso era una persona deportista. Cuando pequeña no destacaba por tener una gran condición física. Al contrario, tenía un mal rendimiento deportivo en el colegio, no destacaba en ningún deporte, y hoy parece complejo pensar cómo, años después de terminar su etapa universitaria, llegó a ser campeona nacional de bodyboard. 

Todo partió cuando, al egresar del colegio, tomó la decisión de mudarse a Antofagasta para estudiar periodismo en la Universidad del Norte. Al cabo de un año viviendo en dicha ciudad, Danicelly acompañó ­­—como si nada— a un grupo de amigos que practicaban bodyboard, pero de ahí en adelante, comenzaría un gran cambio en su vida. 

«Antofagasta es full costa, toda la población está muy cerca del océano y me entusiasmé. Al principio lo hacía de mona porque era súper taquilla como playa y algo parecido al surf. Entonces, yo también quería y lo hice, pero luego de un tiempo mis amigos dejaron de ir a la playa y ya me había entusiasmado. A pesar de que lo hacía de mona, me empezó a gustar y empecé a ir sola. No tenía equipo. Iba a mirar, a sacar fotos, hasta que me encontré con unas personas en una playa de arena, que es más fácil para aprender, en Coloso, Playa Amarilla», cuenta Danicelly.

En esta playa empezó a hacerse muy cercana con aquel grupo de locales que había encontrado. Aquí también conoció a Manuel Cepeda, quien con el paso del tiempo se convirtió en su pareja, relación que nació al alero de enseñanzas sobre el bodyboard y el mar.

Danicelly fue dos veces Campeona Nacional de bodyboard y es número 16 del mundo.
Foto: Gentileza Danicelly.

«Me empezó a enseñar y aprendí todo de él. Como te contaba, partí de mona, pero él llevaba un estilo de vida en torno a esto, entonces me empezó a enseñar a partir de lo más lindo, lo que significa este deporte: lograr conectar con la naturaleza, con las personas, empecé a conocerme a mí misma, y empecé a conocer mis debilidades porque estaba siempre expuesta, siempre saliendo de mi zona de confort. Eso hacía que me conociera cada vez un poquito más», dice la deportista. 

Por supuesto, en un comienzo no tenía el nivel que la llevaría a ganar campeonatos nacionales, tampoco el conocimiento y el respeto que hoy tiene por el mar. En esos momentos, sólo tenía la fascinación por este nuevo mundo que se abría ante sus sentidos.

«Al principio, las primera veces que me subí a la tabla, me caía. Y cuando partí en el bodyboard no sabía nadar. Aprendí a nadar en el camino. Me costaba mucho hundirme, pero era súper lindo porque comencé a conocer la flora y fauna que habita en el fondo del mar. Nunca había visto lo que hay ahí abajo y comencé a observar un montón de cosas. Algunas que podía tocar, otras que no podía tocar, el por qué no las podía tocar, nunca me había hecho esas preguntas y entonces era como un juego, y a la vez me estaba conociendo», comenta. 

Danicelly asume que el bodyboard no es un deporte barato, que el valor de los equipamientos necesarios para su práctica puede intimidar. Pero cree que siempre hay posibilidades, que siempre va a haber alguien en la playa que te puede ayudar, sólo hay que perderle el miedo.

«Me empecé a conseguir equipo, un amigo me regaló un par de aletas. Una chica, que era la única chica ahí en Playa Amarilla, me prestó una tabla. Después, con el tiempo, me compré mi propio equipo de segunda mano. En mi primer acercamiento con el mar y luego en mi evolución, me acuerdo, me decían que era kamikaze, que me tiraba en todas las olas, que no me importaba nada. Eso es súper bueno al principio, porque el miedo a una la paraliza y no la deja avanzar. Entonces, cuando no tienes miedo avanzas más rápido», sostiene.

Esta actitud la llevó hasta su primera competencia, la cual ganó, según cuenta, por el atrevimiento que demostró al realizar nuevos trucos, lo que le dio ventaja por sobre las otras competidoras.

«Al principio, las primera veces que me subí a la tabla, me caía. Y cuando partí en el bodyboard no sabía nadar. Aprendí a nadar en el camino…»

«Era súper entretenido porque conocía a más mujeres y no estaba acostumbrada porque siempre que iba habían puros niños. Y también, porque siempre en los campeonatos se aprende un montón, porque una da más de lo que sabe. Tienes que demostrar todo en 20 minutos entonces te esfuerzas mucho más, y porque los eventos locales están para eso, para participar», dice.

Desde aquella primera participación, Danicelly  ha recorrido el circuito nacional y ha visto cómo crece este deporte. Renunció a su trabajo como periodista y se centró en poder pasar el mayor tiempo posible en el agua. Por esta razón, decidió fundar una escuela en Playa Amarilla, donde pudiera enseñar este deporte y practicar durante gran parte del día.

«He visto totalmente el crecimiento desde que comencé, y hay hitos que han marcado este crecimiento, como por ejemplo, la creación de escuelas en Antofagasta. Nosotros fuimos una de las primeras escuelas, somos un emprendimiento que se llama Escuela Coloso. Se llama así porque la caleta donde vivo se llama Coloso», cuenta. 

Desde que comenzó a dedicar su vida al bodyboard, las competencias empezaron a formar parte importante de esta, pues las mismas, la han llevado a convertirse dos veces en campeona nacional y estar rankeada con el número 16 a nivel mundial. Sin embargo, los campeonatos femeninos en esta disciplina, versus los masculinos, dice, destacan por una gran diferencia:

«En 2018, como mujeres, nos separamos del tour de hombres, éramos ocho. Esto se originó porque en la última competencia, que fue en Antofagasta y que gané, solo fuimos cinco competidoras. Es el histórico más bajo que hemos tenido de competidoras en participación. Entonces, nos reunimos, conversamos y las ocho mujeres iniciales decidimos hacer el tour femenino chileno de bodyboard. En el fondo no sabíamos qué era, qué estaba pasando, si era que teníamos malas condiciones en las competencias… Y las teníamos: no habían premios para nosotras, ni en accesorios ni en efectivo, nos tocaba competir en las peores condiciones del día cuando el viento y las olas estaban malísimas, no habían un montón de condiciones que nosotras necesitábamos. Necesitábamos que el circuito nacional fuera una plataforma para mostrarnos, pero no había material audiovisual de nosotras. Entonces, no nos estaban respetando en las competencias, a los hombres sí, que tenían todo esto», cuenta la nortina, quien en 2018 también estuvo a cargo de la organización del campeonato.

«En 2018, como mujeres, nos separamos del tour de hombres, éramos ocho. Esto se originó porque en la última competencia, que fue en Antofagasta y que gané, solo fuimos cinco competidoras…»

Con el grupo de mujeres comenzaron a coordinarse y entre ellas, organizaron las 5 fechas que hoy componen el Campeonato Nacional Femenino de Bodyboard, recibiendo un gran apoyo por las deportistas. Desde aquel primer torneo que se organizó en Antofagasta —que tenía un premio de 500.000 pesos para la ganadora, y que fue histórico en Chile— el tour ha tomado fuerza y hoy recorre gran parte del país.

«Hicimos este tour femenino, y de cinco competidoras que teníamos cuando estábamos con los hombres, pasamos a 50 competidoras. Es competencia, un tour chileno que pasa por diferentes olas de Chile, con cuatro a cinco fechas anuales», dice Danicelly, quien espera que pronto lleguen más mujeres que se quieran sumar a la producción, para que así todas las que formaron parte de ese pacto inicial, puedan volver a competir juntas, sin que ninguna deba ausentarse para producir los eventos.

Actualmente, pasan tres fechas del Circuito Mundial de Bodyboard por Chile, el que ha sorprendido internacionalmente por la capacidad de organización. Anualmente, llegan a Arica, Iquique y Antofagasta bodyboarders de todas partes del mundo. En 2019, Danicelly pudo seguir todo el tour, que pasa por Australia, Portugal e Islas Canarias, ya que sus buenas actuaciones le entregaron réditos económicos para pagar las inscripciones y en costear los viajes. Esto, principalmente gracias a los buenos resultados que obtuvo en Antofagasta, en la Cúpula, ola donde entrena y en la que se lleva a cabo una de las fechas mundiales. Pero para ella, este camino está lejos de terminar y apunta mucho más arriba, con el mismo valor kamikaze con que se arrojaba a tomar aquellas primeras olas en Playa Amarilla. Danicelly quiere conquistar el bodyboard mundial.

«Quiero seguir compitiendo en el tour mundial. Mientras más compito, más subo mi nivel y eso es un hecho. Quiero llegar a lo más alto, quiero ser la mejor del mundo», concluye.



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